MINGOTE Y LAS SANDECES

Llaman a la puerta de la Real Academia Española un grupo de águilas cigüeñas, hienas, tortugas, sardinas y gorilas. Abre un director barbudo, con aire a don Ramón Menéndez Pidal, autor de El origen del español. Los animales exhiben pancartas y buenos modos exigiendo la masculinización de sus nombres. Quieren que la RAE decida que los machos se llamen águilo, cigüeño, hieno, tortugo, sardino y gorilo. Genial Mingote. Recuerdo este chiste que Isabel, su viuda, ha difundido ahora por las redes sociales.

El idioma lo hace el pueblo. A la Academia corresponde sancionar lo que se ha extendido en el habla popular, además de fijar, limpiar, dar esplendor y mantener la unidad del idioma que en 24 naciones hablan más de 500 millones de personas como lengua materna. Tras el inglés, el español es el segundo idioma internacional del mundo. El Diccionario normativo de la Real Academia fija y limpia los vocablos utilizados por la veintena de pueblos hispanohablantes. A veces no acierta.

Cuando se popularizaron los deportes, la Academia decidió españolizar sus nombres y llamar al basketball, baloncesto; al handball, balonmano; al volleyball, balonvolea o vóleibol. Y al football, balompié. Hoy, en la mayor parte de las naciones hispanohablantes, baloncesto, balonvolea o balonmano son términos habituales. Pero casi nadie utiliza balompié. Así es que la Academia rectificó e incluyó en el Diccionario el término impuesto por el uso popular: fútbol.

Algunas expresiones machistas se pueden y se deben suprimir del Diccionario. Otras, no. Empleadas por escritores de relieve a lo largo de los siglos, el lector debe encontrar su significado en el Diccionario. Por otra parte, el idioma no es sexista. Lo hace la sabiduría popular. Y por completar el chiste de Mingote, la mayor parte de las profesiones que terminan en o feminizan en a: abogado, médico, procurador, arquitecto, psicólogo, magistrado, cirujano. Sin embargo, escasas profesiones que terminan en a masculinizan en o. A nadie se le ocurre reclamar que psiquiatra, novelista, policía, anestesista, terapeuta, artista, atleta, futbolista o periodista masculinicen en psiquiatro, novelisto, policío, anestesisto, terapeuto, artisto, atleto, futbolisto o periodisto.

En las Cortes, diputado feminiza en diputada, senador en senadora, pero congresista no masculiniza en congresisto. El feminismo serio, que es eficaz y admirable, debe exigir el respeto a la mujer en el idioma, evitando sandeces, idiocias e ignorancias.

Luis María Anson ( El Mundo )