MINISTRA DE TRAICIÓN ECOLÓGICA

El BOE publicó ayer el trasvase del Tajo al Segura de 20 hectómetros cúbicos (hm3) que la comisión de explotación ministerial aprobó el pasado 9 de agosto. Si no se materializó antes fue porque faltaba la firma del director general del Agua, ausente por vacaciones, según el diario alicantino Información, lo que da una idea de la urgencia de este desvío.

El trasvase es tan legal como irracional. Entrepeñas y Buendía suman 632 hm3 (25,5% de su capacidad), por encima de la raya de 400 fijada en el Memorándum de 2013. La norma que muñeron Arias-Cañete y las comunidades blinda las exigencias de la cuenca receptora, que ha logrado hacer pasar sus necesidades por los intereses nacionales, fruto del empleo y las exportaciones que genera el crecimiento desorbitado del regadío en el sureste.

Ciertamente, Teresa Ribera agarró la cartera de Transición Ecológica esbozando un discurso diferente al de su predecesora, García Tejerina, una de las mayores calamidades que ha pasado por Nuevos Ministerios. Admitió que Murcia no arrastra un déficit hídrico y dijo concebir los trasvases como algo “extraordinario, no ordinario”, teniendo en cuenta el cambio climático y los periodos de sequía que, como el pasado año, obligó a cerrar la tubería 11 meses. Ribera es una reputada profesional en su especialidad, pero habló antes de tiempo. Igual que el propio Sánchez, que en abril pasó en una semana de sugerir en Albacete “el fin de los trasvases” -sin que Page se lo pidiera- a ratificar su posición protrasvasista en Molina de Segura.

Debajo de esta hipocresía subyace el peso electoral de la Comunidad Valenciana y de Murcia frente a comarcas despobladas. El Gobierno, mientras se abre a rebajar las tarifas que pagan los agricultores levantinos por usar el grifo del Tajo, ni activa a pleno rendimiento las desaladoras -algunas de las cuales, tal como reveló EL MUNDO, sirvieron de tapadera para financiar a los socialistas valencianos- ni ejecuta las obras comprometidas para garantizar el suministro en la cabecera.

De ahí que cualquier invocación a un pacto nacional resulte puro artificio. No habrá paz del agua mientras el PSOE y el PP perpetúen una infraestructura obsoleta, amortizada y contraria a la sostenibilidad ambiental. Y, dado que resulta una ingenuidad pensar que los gobiernos del turno vayan a cerrar el trasvase, lo que sí está en manos de Ribera es cambiar sus reglas de explotación. Si no lo hace, más que de Transición Ecológica, será recordada como ministra de Traición Ecológica.

Raúl Conde ( El Mundo )