MINISTRO MARLASKA

La entrevista que el lunes mantuvo el ministro del Interior con Carlos Herrera fue una mala operación para la imagen pública de Grande-Marlaska. Hay dos responsabilidades que competen de manera muy especial a un ministro del Interior ante los ciudadanos: su seguridad y su libertad. «Toda persona tiene derecho a la libertad y la seguridad», dice el artículo 17.1 de la CE.

Tiene, además, una responsabilidad concreta sobre las FSE a las que manda. Y el ministro Marlaska no estuvo a la altura de sus responsabilidades ante la manifestación que el domingo reunió en Alsasua a medio millar de personas para homenajear a la Guardia Civil en el lugar donde hace un par de años una turba de varias docenas de aborígenes agredieron a dos agentes y a sus parejas que tomaban una copa.

Podría haber copiado las palabras de Albert Rivera: «Cuando agreden a un guardia civil, agreden a la Constitución, agreden a la convivencia y están intentando liquidar el Estado». El ministro es más relativista: «Quizás para defender a la Guardia Civil se pueden plantear acciones que no conlleven la posibilidad de crispación o de incidentes». Por ejemplo, hacer rogativas en lugar de manifestarseo, si se empeñan en esta solución, convocar en lugares más abiertos y con lugareños menos susceptibles, Burgos o Guadalajara, por poner dos ejemplos.

El ministro salió escaldado de la entrevista. Pocas horas más tarde, Vigía anotó en mi blog: «Marlaska contó que su madre (Q.E.P.D.) estuvo en la cama un mes cuando se enteró de que él era gay. Si le oye hoy hablar sobre lo de Alsasua, se habría metido en la cama para un año».

Luis del Pino opinó en Twitter de su manera de razonar: «Dice Marlaska que una mujer no debe vestir llamativamente para no incitar… No, perdón, dice que un gay no debe ir por ciertas zonas para no crispar a los homófobos… Ah, no, que me lío, lo que dice es que no se debe defender a la Guardia Civil en ciertos lugares para no provocar».

Fray Josepho, vate malagueño, le hizo una petición que suscribiríamos cuantos tuvimos en buena opinión al juez Marlaska: «Ministro Marlaska. No se haga más daño. Respétese y dimita. Váyase a su casa. Cobre su pensión. O vuelva al juzgado, en fin, lo que sea. Por su bien se lo digo, de verdad».

Santiago González ( El Mundo )