MISIÓN CUMPLIDA

La legislatura, que ya era un zombi que se arrastraba, se convirtió ayer en una momia disecada. Un Gobierno incapaz de aprobar sus presupuestos carece de razón de ser. Así lo remarcó en su día un preclaro estadista, para más señas doctor «cum corta y pega» en Economía: «O Presupuestos, o elecciones», eso le espetó a Rajoy Sánchez hace un año. Mañana está previsto que el oráculo de La Moncloa se digne a hablar a los españoles y les permita conocer sus designios.

Ayer, el hombre que acusaba a su predecesor de escaquearse tras «el plasma» pasó entre la prensa del Congreso como si fuese una melé de fútbol americano, mudo y desdeñoso. Acababa de perder la votación que liquidaba la legislatura, pero no tuvo a bien decir ni pío. Con semejante ambientazo, los politólogos vaticinan que huele a elecciones en abril. Aunque con nuestro Sánchez nunca se sabe.

Lo mismo saca el «Manual de Resistencia», lo achanta en la cerradura de La Moncloa y nos okupa aquello hasta 2020. También podría ser que la anunciada comparecencia del viernes fuese para comunicar alguna relevante nueva relativa a los huesos de su ministro sin cartera, Franco.

Este Gobierno, que en su génesis se hizo llamar «bonito», ha caducado más rápido que las fresas de invernadero que me compro en el colmado del barrio. Dicen los analistas que el balance de Sánchez no es muy boyante. Tras una catarata de propaganda, en economía al final ha gobernado con los «presupuestos antisociales» del viejo Mariano (que por cierto, eran bastante socialdemócratas).

En el envite independentista, todo queda igual (o peor). Sánchez ignoró un sabio principio político, aquel que establece que «quien con niños se acuesta, meado se levanta». Con un adanismo jactancioso pensó que él sí podría negociar con los fanáticos separatistas que lo sostenían. Pero el único diálogo que admite el nacionalismo catalán se llama «dame ya la independencia». Ayer se hizo patente con el doloroso rejón parlamentario que le aplicaron sus amiguetes Quim y Oriol.

Se enfatiza por doquier que los ocho meses de Sánchez han sido un fiasco, una pérdida de tiempo, una cantamañanada. Discrepo. Este Gobierno ha cumplido la única misión para la que fue constituido: permitir que una persona de una vanidad hipertrofiada se diese el gustazo de ser presidente pese a haber sido zarandeado en las urnas.

El Gobierno ha logrado todos sus objetivos: la mujer de Sánchez tiene un buen empleo; Pedro se ha hecho selfis en el Falcon y se ha llamado «presidente» a sí mismo unas veinte veces al día; el matrimonio Sánchez-Gómez ha conocido mundo a costa de nuestros impuestos; el presidente por accidente ha podido corretear por La Moncloa, veranear en los palacetes oficiales de Doñana y Lanzarote y hasta relanzar su carrera literaria -apolillada por los plagios- publicando un nuevo libro (por supuesto obra también de un negro). ¿Logros concretos del Gobierno? Solo uno, pero importantísimo: colmar el ego de Sánchez.

Luis Ventoso ( ABC )