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¿Pero se han olvidado los catalanes de que nada hay más miedoso que el dinero? Ha sido un descuido garrafal que va a costarles millones de euros y parte de su fama de serios y responsables. Sí, el dinero siente un miedo cerval a cualquier tipo de riesgo y cuanto más dinero está en juego, mayor es el pánico.

Una pequeña empresa puede permitirse el lujo de que un empleado se contagie de un virus suelto en una feria mundial, al no ser noticia. Pero un empleado, y no digamos un directivo, de una megaempresa, Facebook, ATT, Vodafone o Intel, por citar algunas de las que cancelaron su cita en Barcelona, haría titulares, mostraría imprevisión y sus acciones bajarían, con

 pérdidas millonarias a recobrar tarde, temprano o nunca, Así que los organizadores han echado cuentas y decidido que más vale prevenir que curar cancelando el evento. Todo en la más absoluta lógica comercial y humana, que podía agravarse de cumplirse los peores augurios.

Queda, sin embargo, una duda, una sombra en tan meridiano razonamiento: si es así, ¿por qué no se ha cancelado la ISE, una de las mayores ferias tecnológicas, que está teniendo lugar en Ámsterdam, sin que se aprecien cancelaciones?

Más incluso: ¿por qué sigue adelante el Gran Salón del Automóvil de Ginebra, que abrirá puertas en dos semanas, al que acuden las mejores marcas mundiales con sus últimos modelos, sin que haya bajas? Y sólo hay una explicación, pero es tan tremenda que nadie quiere hablar de ella: existe un miedo oculto, inmanente, que no se ve, pero tan poderoso como el manifiesto, y aunque España en general y Barcelona en particular han sido declaradas libres del coronavirus, nadie puede olvidar que la Ciudad Condal ha sido escenario durante los tres últimos años de una serie de eventos inquietantes: la quema de contenedores que iluminaron durante noches sus calles, los enfrentamiento de policías y civiles de día, el corte de calles y autovías, el cierre de estaciones y aeropuertos, como el tener una alcaldesa okupa tiempo ha y poco amiga de las grandes corporaciones hoy, por no hablar de buena parte de sus dirigentes en la cárcel. Todo ello tiene que haber quedado en el fondo de la mente tanto de organizadores como de participantes como un poso.

Las convenciones quieren paz, seguridad, buen ambiente para gozar de las horas fuera del recinto del certamen. De ahí que Miami, Las Vegas y Honolulu sean los lugares favoritos de las mismas para los norteamericanos. Los independentistas catalanes consideraron sus algaradas publicidad para su causa. Fue otra de sus equivocaciones. Los responsables lo están pagando en la cárcel o el exilio.

El resto, con la pérdida del prestigio que tenía Barcelona desde que Cervantes la calificó de «archivo de la cortesía». Y va a tardar en recuperarlo porque siguen diciendo que volverán a hacerlo. El amor, como el nacionalismo, está considerado un «trastorno mental transitorio». La última esperanza que les queda es Pedro Sánchez.

¿Ustedes le comprarían su coche usado?

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor