En las últimas semanas estamos asistiendo a un debate sobre el tema de la Monarquía, como si esto le importara tres pitos a los cincuenta mil fallecidos por la pandemia, a los cientos de miles de enfermos, a los millones de secuestrados por las autoridades incompetentes; a los miles de pequeños empresarios o autónomos que se han arruinado, y a los cientos de miles que los seguirán en breve.

Evidentemente, no descubro nada si afirmo que, mientras el Gobierno -o lo que coño sea esto- se dedica a atacar a las instituciones del Estado; mientras pone en portadas de prensa y entradillas de telediarios a los ministros declarándose republicanos y llamándole de todo al rey actual y al anterior, no necesita informar sobre las medidas que no toma con respecto a la pandemia, ni explicar por qué criterios confina a determinadas comunidades autónomas mientras otras siguen celebrando sus manifas separatistas, en apoyo de delincuentes electorales o de asesinos confesos.

Creo que tampoco descubro nada si afirmo que gran parte del revuelo a cuenta de la Monarquía se debe, no a quienes la atacan, sino a quienes dicen defenderla ahora, cuando creen que pueden sacar rendimiento electoral del asunto. ¿Le importó al PP, cuando gobernaba, que en la Catalunlla separatista y paleta se quemaran fotos del rey?

¿Le importó al PP, cuando gobernaba, que Instituciones autonómicas o municipales se declarasen republicanas, retirasen el nombre del anterior rey de calles o plazas, lo abuchearan dentro de los propios parlamentos o ayuntamientos?

Rafael C. Estremera ( El Correo de España )