Una cuidadora del zoo de Madrid fue atacada por un gorila de 200 kilos. Las comparaciones sirven de poco. Pero ya veo a Isabel Díaz Ayuso como Charlton Heston en «El planeta de los simios»: «Quita tus sucias manos de mí, mono asqueroso».

Y eso que el mono asqueroso es el correcto Illa. Es difícil resistir a un gorila de 200 kilos, es decir, al Gobierno (hasta el independentismo tuvo su King Kong, aunque luego se le consienta, da igual la inhabilitación de Torra). Si unos ven paralelismos donde no los hay, yo también quiero jugar.

¿Se acuerdan de Second Life, aquella memez donde los usuarios tenían una vida virtual? Como si eso no te lo diera el fútbol. Algunos políticos de ahora (sí, Iglesias, Garzón y toda esa recua) tienen una especie de second life mirando a lo más chungo del siglo XX. Así que puedo ver a Ayuso con un cartel de «No pasarán». Aunque pasen.

Los que no han luchado contra el franquismo o contra el fascismo de verdad, luchan contra Vox, contra el PP y hasta contra Ciudadanos. En Abascal, Casado y Arrimadas ven avanzar a Mussolini sobre Roma. Acordémonos de cuando Iglesias activó la alerta antifascista tras las últimas elecciones andaluzas.

Y ahí está la extrema derecha, porque ellos lo digan, haciendo no sé qué cosas. Porque no me queda muy claro qué derechos ha recortado el apoyo de Vox a los gobiernos autonómicos del PP y Ciudadanos. Curzio Malaparte sí lo dejaba claro en «Técnica del golpe de Estado». Una minoría puede hacerse con el control de un Estado moderno gracias al dominio de los servicios públicos y a la manipulación informativa.

Y aquí estamos con la lucha de clases del año de la polka, la «segregación de clases», el castigo de Ayuso a los barrios menos ricos y las barricadas. Claro que puede haber discrepancia con las medidas. Claro que puede estar metiendo la pata.

Pero eso de echarse a la calle no son discrepancias, son algaradas contra Ayuso (como lo eran las caceroladas contra Sánchez). Otra cosa es que tenga más credibilidad una viróloga que diga que hay que tirar de los test de antígenos, los rápidos, localizar a los positivos en las zonas más castigadas y darles apoyo para que se confinen, rastrear a sus contactos, tratarlos… O haya médicos pidiendo volver a la Fase 1.

Y luego está lo de Ponce, que diría Sostres. O sea, lo del Rey, que tampoco sabemos qué cosas malvadas anda maquinando. Salvo porque Alberto Garzón e Iglesias nos lo dicen.

En su second life, en su sueño de ser brigadistas internacionales y luchadores por la libertad en los años 30, deben de tener la fantasía del Rey cogiendo las de Villadiego por Torrejón (tampoco hay necesidad de irse ahora en barco, salvo que el exilio sea a Venus). Insostenible una monarquía hereditaria maniobrando contra el Gobierno elegido e incumpliendo la Constitución, hombre ya (Garzón). Hay que gastar respeto institucional, ser neutral (Iglesias).

En «Sobrevivir a la autocracia» (Taurus), Masha Gessen dice que la pandemia del coronavirus, como todas las crisis, es de naturaleza fundamentalmente política. El libro es para meterse con Trump (la tía es rusa), pero es cierto que la crisis sanitaria y la política van a la par. Nosotros, mejores, no.

Pero ojalá esto sirviera para mejorar el tinglado autonómico. Bah, tampoco. La mejor descripción de la gestión es la que dio Santiago Segura cuando le preguntaron, estando Sánchez dando la cara por el mando único, qué medidas habría tomado Torrente para controlar la epidemia.

«Serían como las que ha tomado el Gobierno», contestó. Las que tomaría un gorila de 200 kilos.

Rosa Belmonte ( ABC )