MONUMENTO A LA INFAMIA

El miércoles, día 26, el presidente del Gobierno de España; subrayo, España, se reúne con el jefe del Ejecutivo autonómico de Cataluña; subrayo, autonómico, en torno a una «mesa de diálogo» que constituye un monumento a la infamia. Pedro Sánchez se deshonra y deshonra a la institución que representa al equiparar su silla a la de un cargo situado en un nivel claramente inferior de la jerarquía administrativa.

Se humilla y se rebaja tolerando que el inhabilitado Joaquim Torra le imponga no solo la fecha del encuentro, sino la agenda y el formato del mismo. Brinda un trato de favor obsceno a quien desafía abiertamente la legalidad, hasta el punto de enaltecer el delito de sedición perpetrado por los instigadores

 de esta indignidad, mientras amenaza con intervenir de facto las comunidades gobernadas por el PP, culpables de aplicar políticas creadoras de empleo y riqueza. Pero, por encima de toda esa ignominia, regala a los independentistas la fotografía impagable de dos líderes nacionales resolviendo de tú a tú sus diferencias. ¿Qué más podría pedir el títere de Puigdemont?

Nunca un presidente español había caído tan bajo ni pagado un precio semejante por salvaguardar su poltrona. Y es que, pase lo que pase en esa cita, el mero hecho de que se produzca supone una victoria diplomática de enorme magnitud para los separatistas, proporcional al retroceso de España en el tablero internacional. Fuera de nuestras fronteras, el debate no es si ERC se impone a JpC o JpCat a ERC en las próximas elecciones autonómicas.

No se centra en posibilismos o alianzas coyunturales. En Europa y en el mundo lo que saben del mal llamado «conflicto catalán» es que se trata de una disputa entre una región oprimida que aspira a convertirse en nación y un Estado que se lo impide por la fuerza.

O sea, el relato falseado que difunden desde hace décadas los mensajeros a sueldo del nacionalismo, con un derroche de medios y dinero público frente al cual los distintos gobiernos españoles jamás han amagado siquiera con desplegar una contraofensiva cultural y mediática.

Hasta ahora, la única defensa de España ante esas reclamaciones, tan carentes de fundamento como populares entre amplios sectores de la «progresía» vulnerables a la intoxicación victimista, ha consistido en presentar la Constitución como fuente exclusiva de legitimidad democrática. A partir del miércoles, la cosa se complica.

¿Cómo explicarán nuestros embajadores, nuestros eurodiputados, nuestros corresponsales, nuestros expatriados sujetos a interpelación frecuente sobre este asunto, que el presidente del Gobierno español se siente de igual a igual con un líder regional con el fin de discutir amistosamente una exigencia de autodeterminación precedida de una intentona golpista? En diplomacia, las formas determinan el fondo.

Y cuando una «mesa de diálogo» se atiene en el protocolo al modelo de la bilateralidad, se convierte automáticamente en bilateral. Lo que significa que Sánchez y Torra van a negociar en un mismo plano la independencia de Cataluña. Eso es lo que nuestros socios en la UE, la OTAN, la ONU y demás organismos internacionales van a deducir de ese encuentro. Exactamente lo que los separatistas llevan años pretendiendo sin éxito.

Tenía que llegar a La Moncloa este narcisista mediocre, ambicioso y embustero para regalar a los enemigos de España la perla de sus sueños húmedos. Una baza que harán valer en la próxima fase de su desafío, no tardando mucho, en cuanto hayan consolidado todo lo que consigan ahora.

Si Sánchez cree que humillándose logrará contentarlos es que anda tan escaso de visión política como sobrado de ego.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor