España empieza a ser un país aburrido en el que la gente que piensa no encuentra interlocutores con los que hablar y debatir con un  cierto nivel de inteligencia crítica y acaba por borrase de los foros artificiales en los que el más zafio, simple o  enfermo de odio pasea sus vísceras por donde debería caminar la razón.

Hablo de mi país porque es el que me importa pero no ignoro que el dibujo tétrico que he empezado a hacer al escribir estas líneas es muy común al resto de las geografías supuestamente civilizadas que nos rodean, con lo que no sería exagerado concluir que la verdadera pandemia que nos afecta desde muchos antes de que nos empezara a matar el coronavirus ha sido  el debilitamiento de la inteligencia crítica.

Con esto no quiero decir que por fin ha muerto la  inteligencia sino que se ha abierto paso a  codazos la ignorancia vestida  de la ideología del odio, y ante esa situación muchos han preferido elegir con quién discuten e ignorar a los que  ladran mientras cabalgamos, según decía Don Quijote a Sancho.

“Hoy  en política el principal argumento es la falta de argumentos  y además la contradicción no penaliza”. La inteligencia se ha refugiado en ámbitos alejados de la política porque está vetada por los mediocres que nos gobiernan.

Esta descripción del momento político en España la han hecho esta mañana en el programa de Carlos Alsina el socialista Eduardo Madina y el popular Borja Semper , dos personajes que  han dejado la política al comprobar que de continuar en ella se iban a enfangar de la mediocridad reinante en sus respectivos partidos, y la descripción que han hecho de la atonía intelectual y moral de los actuales dirigentes refleja que para no morir en un ambiente tóxico que premia el servilismo, hay que salir a respirar aire limpio lejos de la dictadura de la obediencia debida.

La ausencia de debate político y sobre todo de argumentación razonada de los porqués, nos ha conducido al espectáculo intolerable  de los políticos que no responden a las preguntas que se les hacen en el parlamento o en las ruedas de prensa porque están exonerados de argumentar y pueden mentir impunemente o incumplir su obligación de transparencia.

Que se comporte así la chusma fanatizada que les sigue entra en el catálogo  de sus reacciones naturales desde que Nerón fue emperador de Roma y era aplaudido cuando bajaba el pulgar que condenada a muerte a los gladiadores.  Hoy siguen igual, babean odio porque su inteligencia está seca.

Diego Armario