MUJERES: LEVANTAOS HOY

Entre las pintadas de apoyo o de crítica a la huelga de las mujeres, destaca el afiche inspirado en un grupo punk feminista: “Manolo, hoy friegas tú”. Ese grito y la liberación de la mujer tienen su origen en la Ilustración y en la Revolución francesa, cuando ellas, con horcas y cuchillos de cocina en las manos, marcharon sobre Versalles para protestar por la escasez y el precio del pan.

Doscientos años después ha estallado una nueva Toma de la Bastilla con el #MeToo y la convocatoria de una huelga mundial, al estilo de Islandia en 1975. Las mujeres se han sublevado contra los abusos a los que son sometidas y las brechas salariales. La huelga de hoy es una enmienda a la totalidad, motivada por el fracaso de los hombres para cambiar el mundo. Han fracasado todos los intentos revolucionarios, aunque la causa de las mujeres empieza a andar más allá del horizonte.

Si bien vivimos el declive de las ideas transformadoras, no debemos olvidar que la liberación de la mujer llegó con el sufragismo y el marxismo. La mujer fue definida por Engels como “el proletariado del hombre” para parir y guisar; y las hermanas Pankhurst gritaron: “Mujeres, levantaos”. “Las mujeres -exclamó Olympe de Gouges– tienen el derecho de subir al patíbulo y también tienen el derecho de subir al estrado”. Las chicas que leyeron El cuaderno dorado y El segundo sexo descubrieron que llevaban desde el Cuaternario esperando a que el hombre volviera de cazar para ser su fogón y su jergón. También supieron que la religión las lapidaba y les tapaba la cara y que morían en los abortos clandestinos después de la ingestión de artemisa o azafrán. Su conciencia fue retorcida y deformada durante generaciones por las presiones de las iglesias.

Pedro Sánchez ha escrito una carta al obispo de San Sebastián en la que expresa su indignación, que no su sorpresa, por las declaraciones “irrespetuosas y antimodernas contra las mujeres”. Según su interpretación, es que ese obispo había acusado al feminismo de tener el demonio en sus propias filas, de reivindicar el aborto libre y gratuito, el lesbianismo, el bisexualismo y de promover la lucha de sexos. Pedro Sánchez le da la bronca al clérigo imputándole la tentación de volver al nacionalcatolicismo, de faltar el respeto a las mujeres, de seguir con el afán de dominio y de decidir por los demás.

Como escribió la sufragista Helen H. Gardener, la Biblia enseña que un padre puede vender a su hija como esclava, que puede sacrificar su pureza y que puede matarla, y aún así seguirá siendo un buen padre y un santo varón. La Biblia también enseñó que un hombre puede tener numerosas esposas, que puede vendarlas, repudiarlas o cambiarlas. O sea, que los obispos estarían más guapos callados.

Raúl del Pozo ( El Mundo )