MURCIA, QUÉ FEDERALISTA ERES

Como Pablo Iglesias o Nicolás Maduro, saca Pablo Casado un ejemplar de la Constitución del bolsillo de la chaqueta y en vez de abrirla por el artículo 27, el del derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos, lo hace por el Título VIII, el que regula la organización territorial del Estado y las competencias autonómicas.

Después de todo y de tanto, el «pin parental» no era sino un pin federalista, adaptación liberal-conservadora del lazo amarillo con que el nacionalismo catalán plastifica y metaliza su aldeanismo y reclama el derecho de autodeterminación de una república que no existe, ensoñación que de momento no va a ninguna parte, pero que ha inspirado al PP y a Vox para improvisar una separación o limitación de poderes puramente geográfica, a la medida de sus valores y aspiraciones.

Que sea precisamente el partido que quiere demoler el sistema autonómico el que más provecho, al menos político, está sacando de las singularidades y atajos de nuestro modelo territorial no es más que una paradoja más de las que acompañan, de Vox a Unidas Podemos, el proceso de adaptación al medio del populismo de pancarta, bandera y pandereta.

El sistema que consagra el Título VIII da para tantas aberraciones políticas como soluciones sociales. Si Cataluña se ha convertido en modelo de todo lo que no hay que hacer con las competencias autonómicas, Murcia irrumpe como banco de pruebas de un descuelgue del convenio colectivo que Sánchez y sus socios quieren aplicar al conjunto del Estado.

Con la Constitución en la mano, Pablo Casado sabe que las comunidades en las que gobierna su partido se van a convertir en refugio para quienes huyen del progreso totalitario que decreta e interpreta en play-back el Trío Acuario tras el Consejo de Ministras.

El que quiera abrir un negocio, que se vaya a Madrid, y el que tenga hijos, que los críe en Murcia. Al que la tormenta le coja en medio, que lleve cadenas en el maletero, el depósito lleno y la batería del móvil cargada. Dice Pedro Sánchez que la borrasca va a durar 1.400 días.

El PP se federaliza a través de un movimiento reflejo y de autodefensa con el que viene a subrayar, viva Cartagena, la asimetría de la nación española, perversión que el socialismo compró en su día a los nacionalistas y que, lo que son las cosas, ahora redescubre junto a Vox en el catálogo de conceptos discutidos y discutibles.

Jesús Lillo ( ABC )