NACIONAL IZQUIERDISMO LETAL

El nacionalismo es un tigre que, como te montes en él, te devora, no importan tus buenas intenciones. Ningún ejemplo mejor que el de Navarra. Querían su nacionalismo, lo lograron, y están a punto de ser tragados por el nacionalismo vasco.

Lo vengo advirtiendo desde hace mucho tiempo en estas columnas sin éxito. Todavía recuerdo la llamada que me hizo a Nueva York el principal líder por aquel entonces de la Unión del Pueblo Navarro para advertirme que tal cosa no ocurriría nunca, pues su españolismo estaba garantizado.

Ya ven de qué les ha servido: de verse desbordados por la coalición de nacionalistas e izquierdistas que tienen como objetivo común cargarse la España que tenemos, los unos troceándola, los otros dejándola «que no la conozca ni la madre que la parió». Y, además, arruinada, pues las partes nunca podrán alcanzar lo que el todo. ¿Recuerdan el consejo del anciano Rey Lear a sus hijos?: Cada uno por separado serán vencidos, juntos, nadie podrá con ellos.

Tanto el nacionalismo como el izquierdismo tienen sus encantos. El primero te hace sentir «especial», «distinto», «único», lo que acaricia el ego e incluso superior a los demás. ¿A quién le molesta eso? ¿Quién resiste tal halago? Sólo aquellos individuos con mucha personalidad son conscientes de que cada uno de nosotros es distinto, lo que a la postre significa ser iguales.

Por lo que tales distingos acaban mal si se lleva a su extremo. La mayoría, sin embargo, lo acepta si le ofrecen la ocasión. Es lo que ha ocurrido a nuestro Estado de las Autonomías, que todas las comunidades tienen ínfulas de naciones y no pocas, de Estados. Pero no sólo las comunidades, sino también sus partes, ciudades, villas, aldeas incluso, cada cual con su bandera, historia, himno, habla, invocando derechos y privilegios.

Un imposible porque, si todos son privilegiados, ¿quién va a ser súbdito? El grande se come al chico y lo que empieza a ocurrir en Navarra debe servir de advertencia a Cantabria, la Rioja, Comunidad Valenciana y parte de Aragón, expuestos al expansionismo nacionalista vasco y catalán.

Añádanle la izquierda, con sus utopías y superioridad moral, prometiendo paraísos imposibles y el cielo en la tierra. A estas alturas deberíamos saber en qué acaba todo eso: en dictadura y miseria. El último ejemplo lo tenemos en Grecia, donde, tras el experimento de Syriza, que llego a congelar las cuentas corrientes, se dispone a votar lo menos malo: conservador.

Y nuestra izquierda presumiendo de ser la adelantada de Europa. ¿No será más bien que estamos en la cola, como nos ha ocurrido más de una vez en la Historia? Porque nuestra derecha también se las trae. No es que se equivoque de programa, es que se equivoca de enemigo, lo peor que puede ocurrir en política. Mañana les hablaré de ello ya que el tema requiere tanto espacio como precisión. Por hoy basta con que el nacionalismo electrocuta.

José María Carrascal ( ABC )