NACIONALISMOS DE IZQUIERDAS

Llevamos años y lustros, incluso decenios, haciéndonos la misma pregunta. ¿Cómo es posible que la izquierda española se haya llevado tan bien con el nacionalismo, que está en sus antípodas morales? Si la primera es internacionalista, solidaria y partidaria de la redistribución de la riqueza, el segundo es justo lo contrario: tribal, insolidario y enemigo de pagar impuestos para que los pobres se aprovechen de su riqueza, o eso dicen después de manipular las balanzas fiscales como el tendero hace con la báscula en las viñetas inmortales de 13 Rue del Percebe.

La respuesta está en el nexo que une al nacionalismo con la izquierda española: el complejo de superioridad moral e intelectual que arrastran desde la Transición. Una superioridad que se basa en esa Arcadia de la II República que ambos manejan a su antojo para que la historia cuadre con sus intereses partidistas. Así, tanto socialistas y comunistas como nacionalistas de derechas se reconocen entre ellos como enemigos de la España carca, reaccionaria, casposa y garbancera. Y exhiben una superioridad que ni está, ni se le espera.

El nacionalismo catalán ha mostrado su verdadera cara, ese rostro violento que se alimenta de un rencor dosificado a lo largo de los años con la jeringuilla del adoctrinamiento. Buena parte de la izquierda ha retrocedido en su apoyo a este movimiento reaccionario y totalitario, pero aún quedan rescoldos que se avivan con el soplido del igualitarismo: tan malos son los nacionalistas catalanes como los españoles, llamados españolistas para ponerles inmediatamente el sambenito del facha. ¿Qué sería de la izquierda española sin el facha al que necesitan como el comer para mantener unas señas de identidad que quedaron aplastadas bajo los cascotes del Muro de Berlín?

Tanto los nacionalistas como el mester de progresía del resto de España se empeñan en presentar a los demás españoles como incultos e iletrados, habitantes de una caverna que nada tiene que ver con la que ideó Platón. Y ahí mienten clamorosamente. ¿O es que vamos a comparar los plagios de Pedro Sánchez con la obra que nos dejó don Manuel Azaña? ¿Alguien en su sano juicio -incluida la juez Bolaños, que tanto está haciendo por el PSOE en Andalucía- puede defender la tesis de la superioridad intelectual de una izquierda entregada al copia y pega desde lo más bajo hasta la altísima magistratura de la Presidencia del Senado?

Identificar al intelectual con la izquierda ha sido uno de los mayores embustes que nos han colado por la escuadra y el cartabón del conocimiento. Más o menos como calificar de progresistas a los reaccionarios más insolidarios que ha dado España en su historia: los nacionalistas que se nutren del carlismo. Por eso se necesitan. Porque lo único que les une y que les da sentido a sus proyectos viciados y caducos es el odio a la caricatura de España que han fabricado para salvarse de su propio hundimiento moral e intelectual. Y eso, ¡ay!, no lo arregla ni Tezanos.

ABC