NACIONALISTAS PIRÓMANOS

El hombre es un narrador de relatos. Los griegos consideraban que para aquellos a quienes el destino obligó a recorrer muchos países y conocer la diversidad de los hombres no hay placer comparable al de referir sus aventuras.

Hubo un tiempo en el que la religión y la monarquía absoluta gobernaban el mundo y controlaban las narraciones, aunque no tuvieran relación con la lógica. Contaron los libros sagrados que Nabucodonosor se convirtió en buey o que los guerreros eran asnos en Mesopotamia. Magallanes se enfrentó con el Vaticano cuando dijo: “La Iglesia dice que la Tierra es plana, pero yo sé que es redonda porque he visto su sombra en la Luna. Y yo tengo más fe en una sombra que en la Iglesia”.

En el nacionalismo también se emplean los relatos fantásticos y, lo que es peor, los cuentos con moraleja para engatusar a la gente. Muchas de sus leyendas son sueños que han convertido en propaganda, y no precisamente para reconocer la diversidad de los hombres. A veces, como en este caso, la calumnia, el rumor, la mentira son más divertidas que las verdades y se las creen los ciudadanos. Pero ni la emperatriz Catalina II murió al ser penetrada por un caballo ni una mina española partió en dos el buque de guerra Maine ni la represión del 1 de octubre es tal como la cuentan.

El amarillismo es tan viejo como la propia escritura cuneiforme, y esa forma de narración es la que emplean los separatistas. Les ayuda que en el mundo de hoy triunfan como nunca los relatos fantásticos, enganchan los relatos xenófobos que hiperbolizan los hechos históricos. Han convertido el procés en una obra de ficción con asistencia de público y eco europeo. El Gobierno -tarde, mal y nunca- intenta explicar a los periódicos y gobiernos de la UE que la mayoría de los catalanes no quieren la independencia y enviará emisarios para alborotar los cócteles de las embajadas con la misión inútil de desmontar mentiras.

Escribe Jordi Barbeta en el ElNacional.cat que el Estado ha utilizado en la represión de las libertades catalanas la estrategia de los regímenes autoritarios y dictatoriales. Y tiene el cuajo y la desfachatez de poner el ejemplo de Hitler y el incendio del Reichstag como la estratagema de los enemigos en Madrid para justificar la represión. He ahí un ejemplo de posverdad, de fake news y de torpeza en la analogía, dado que los nazis culparon a los comunistas del fuego que provocaron los propios nazis. En el procés han sido los nacionalistas los pirómanos: a su colección de embustes y exageraciones hay que añadir el prodigio de desinformación, que continúa como cuando transforman un juez en toda Europa o un acuse de recibo en una resolución de la ONU.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor