Recuerdo perfectamente cuando era adolescente y me levantaba de madrugada para ver jugar a Manolo Santana aquellas finales de la Copa Davis en Australia, televisadas en los años 60. España perdió las dos y fue derrotada por el equipo que formaban Stolle, Emerson y Newcombe, que dominaban el juego de saque y volea en la hierba.

Nadal ha conseguido la hazaña de disputar el título mañana domingo en Melbourne frente a Medvédev, un tenista diez años menor y un verdadero virtuoso de este deporte. Cualquiera de los dos puede ganar. Si lo hace, elmallorquín superaría el récord de Federer y Djokovic y lograría haber vencido en al menos dos ocasiones los cuatro torneos del Grand Slam.

Si el fútbol o el baloncesto se juegan con las extremidades, el tenis se practica con raqueta, lo que conecta con las habilidades del ‘homo faber’. Pero además es un deporte geométrico en el que los contendientes tiran rectas y ángulos imposibles en el espacio euclídeo de la pista. Nadal es un gran maestro, un geómetra que inventa golpes inverosímiles, ávido de lo perfecto, como escribió Paul Valéry sobre Spinoza.

La sutileza intelectual es muy importante en esta disciplina, que tiene un componente de concentración mental y de dominio de sí mismo. No basta con la inspiración, hay que ser constante en la búsqueda de esa esencia geométrica y simétrica del juego.

Spinoza encontró en la geometría el método ideal para escribir su ‘Ética’, un empeño en el que tardó 14 años. El conjunto de axiomas, proposiciones, escolios y corolarios tenían que encajar con la belleza y el rigor de la lógica geométrica, que para él expresaba la perfección formal y, por tanto, la naturaleza de Dios. No en vano se ganó la vida como tallador de lentes, lo que le llevó adquirir conocimientos de óptica que causaron la admiración de Leibniz.

El filósofo holandés utilizó la palabra latina ‘conatus’, que puede traducirse como fuerza individual, como impulso vital. El ‘conatus’ que alberga el alma humana, según Spinoza, es la causa última del afán de perfección y de la virtud. De la perseverancia del ser en su propia esencia.

No hay duda de que Nadal está imbuido de ese impulso que le lleva a sobreponerse a sus lesiones y a seguir jugando a muy alto nivel a sus 35 años, una edad que muy pocos tenistas de elite han podido alcanzar. Su ‘conatus’ ha sido la clave para conseguir lo que casi todos consideraban imposible.

Afirma Spinoza que no hay nada contingente en la Naturaleza, por lo que todo obedece a unas causas. Aquí reside la esencia del tenis: el triunfo de la necesidad sobre el azar. Un deporte que excluye lo aleatorio y que exige un rigor geométrico a quienes lo practican.

Sobre la azulada superficie de la pista sintética, veremos mañana el dibujo y los ángulos de dos maestros del tenis.

Pedro García Cuartango ( ABC )