Lo que les jode cantidad es ver que a su lado alguien, con el mismo problema, pero más crecido, está logrando mejores resultados que ellos e, incapaces de admitirlo, lo atacan con saña, en vez de acercarse con la debida humildad a la autoridades madrileñas a pedirle consejo, como harían las personas inteligentes.

Podría parecer extraño que alguien al que se le presume con una buena preparación universitaria, con una especie de rabieta infantiloide, se asome a nuestros hogares, sacando la cabeza por la pantalla de nuestra televisión, a hacer acusaciones vanas y decir tontunas y sanjuanás, pero es que es socialista ¡ah, coño!.

La señora Ayuso, dejando a un lado su curriculum académico que ni se ni me importa en estos momentos, por lo que estamos viendo, si podría ponerse una medalla sobre el pecho -por mi, cubrirse con ellas de hombro a hombro-  es por haber sido capaz de ampliar su capacidad hospitalaria y, aceptando sus conocimientos en medicina, por hacerse con un equipo sanitario de muchísimos kilates que por ser profesionales de la Medicina, están acertando en como encarar esta pandemia.

Es posible que si el señor… ¿como se llama? García… ¿que…? Eso; eso, García-Page hubiera puesto tanto empeño en rodearse por personas que separadas de la política se dedicaran en cuerpo y alma al sanitario asunto del Covid, no tendría por qué buscar como cabeza de turco, de su particular Turquía, ni a Madrid, ni a ninguna otra región de España.

Emiliano García-Page: «Sufrimos el efecto de esa sexta provincia».

Mire usted señor Emiliano, Madrid es la Capital de España, y no un apéndice del territorio español que usted debería presidir con más mesura y mejor tino. No se queje del empedrado, que si usted anda errado, tropezando a cada paso, creando grotescas coreografías, incapaz  -también de…- recuperar el equilibrio, es porque así tiene usted «la superficie» de su región con más de 1.000 infectados por cada 100.000 habitantes, teniendo la obligación de mantenerla lo mas allanada posible.

Verá usted, y no se si me entenderá. Cuando a una persona se le amputa un brazo, una pierna o se le extrae algún tipo de tumor del interior de su cuerpo, al mismo tiempo que se amputa o se extrae el tumor, se está obturando para impedir que el paciente muera desangrado.

Eso, a mí entender, es lo que esta haciendo el gobierno que lidera la señora Ayuso, que es lo que usted y el valenciano del rubio peluquín no están haciendo en sus territorios; como valencianos y castellanos manchegos no anden listos…

El señor Emiliano se queja de Madrid, como si fuera la contagiosa fuente que amenaza a toda Castilla la Mancha con una gran riada del Covid-19; eso no lo agite ¡Hombre de Dios!; todos sabemos, usted también, que es una autentica falsedad impropia de alguien que, como la señora Ayuso tienen el honor de gobernar dos importantes partes del mosaico patrio.

Además, señor Emiliano, no ha escuchado ni escuchará de la señora Ayuso nada en cuanto a los trabajadores de aquella autonomía -también de otras- que vienen a trabajar en Madrid capital o provincia, en el tren y también en otra clase de vehículos.

¿Quien podría asegurar que no ha habido alguno de esos trabajadores que, junto a la necesidad de trabajar, lo que en su lugar de origen no encuentra, nos han traído a los madrileños otras cuantas raciones del jodedor virus para unirlos a los que pululan por nuestras calles? Y lo mismo pudiera haber sucedido con los castellanos manchegos que, como en años anteriores, han venido a visitarnos, con todo derecho, en estas recién pasadas navidades.

Con tantos años de historieta que los socialistas portan en sus aguaderas, nadie a estas alturas, si no es un extraterrestre recién llegado del espacio exterior, se va a sorprender; con las cosas (me resisto a tildar de gilipolleces pero ¡con muchísimo sacrificio! todo sea por la Educación), que dice el señor Emiliano; todos conocemos, sobre todo los españoles, más que nadie, porque les hemos sufrido a calzón quitado y sin el maquillaje que tan buen resultado les viene dando de antiguo en Europa.

Para nadie debe ser un secreto el que los socialistas, como sus primos comunistas son falsos, envidiosos, vengativos despiadados de querellas inexistentes, valentones enchulecidos ante los débiles, y como arrastradas serviles babosas ante los fuertes, a los que jamás descuidan tratando de encontrar su lado más débil, para propinarle la infecta dentellada.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )