NARCOTIZADOS

El exceso de información produce dos terribles consecuencias: muchas de las noticias que circulan son bulos que desorientan entre la verdad y la mentira, y la opinión pública termina por narcotizarse como consecuencia de esa sobreinformación.

Hemos perdido la capacidad de escandalizarnos. Cuando las democracias son de calidad, suelen resultar aburridas y carentes de sobresaltos. Cuando gobiernan los populismos, los escándalos se suceden cada semana, o cada día, y el ciudadano -lector, oyente televidente internauta y votante- pierde referencias.

Los demagogos logran que sus mensajes calen y los populistas repiten sus simplezas ante la aparente minoría de edad del pueblo. Las palabras, además, pierden su significado y los hechos son tergiversados, a la vez que se persigue sin rubor al que se atreve a disentir de la verdad oficial. Todo eso ocurre ahora mismo en España.

Ya saben que, cuando se producen grandes inundaciones o maremotos, lo primero que falta es el agua potable. Después aparecen los chamanes y los vendedores de crecepelo. Y el calvo, en su desesperación, lo termina creyendo.

El Astrolabio ( ABC )