NAVARRA ES EL PRIMER PLAZO

A estas alturas de la partida, todas las fuerzas presentes en el tablero patrio han dejado clara su posición, excepto una: el Partido Socialista Obrero Español, que pretende estar al plato y a las tajadas, en la vanguardia social de la izquierda mal llamada «progresista» y en la ortodoxia económica de la liberal UE, en la defensa de la Constitución y en la alianza con el independentismo golpista o filoterrorista… sin abandonar el poder, por supuesto. Cosas de la inmejorable conciencia que impregna el alma de Pedro Sánchez y le convence de su derecho divino a mandar. Pocos rostros ha habido en política tan cercanos al cemento armado.

Mientras el líder del puño y la rosa pierde su tiempo y el nuestro azuzándonos las «encuestas» de su amigo Tezanos a modo de amenaza de repetición electoral, su socio de referencia, Pablo Iglesias, muestra una actitud mendicante, asumiendo que pasó la época de exigir una vicepresidencia todopoderosa con control directo de los servicios de inteligencia, la televisión pública y la Justicia.

¿Recuerdan cuando proponía que todos los cargos claves de la judicatura, empezando por el fiscal general y los jueces encargados de combatir la corrupción, tuvieran que manifestar su adhesión ideológica al gobierno como requisito indispensable para ser nombrados?

Ahora se conforma con que le den un puestecito en el Consejo de Ministros, el que sea, que le permita sacar pecho ante sus huestes menguantes y seguir justificando su lucrativa responsabilidad. Al menos es consciente de su posición precaria y actúa en consecuencia, lo cual es mucho más de lo que vemos hacer al otro.

Incluso los separatistas evidencian sin complejos su disposición a respaldar la candidatura del socialista por un precio módico, posponiendo a más adelante sus demandas abiertamente enfrentadas a nuestro ordenamiento jurídico.

El «nihil obstat» de ERC, Bildu (tanto monta, monta tanto) y PNV a la investidura parecerá gratuito, aunque diste mucho de serlo. Sánchez ya ha empezado a pagar en Navarra, entregando la comunidad foral a quienes quieren destruirla dejando que sea absorbida por la Euskadi que concibió a mediados del XIX el racista Sabino Arana, y pronto tendrá que hacer frente a los restantes plazos de la hipoteca.

Hasta entonces, a los dinamiteros de Nación les interesa tener en La Moncloa a un relativista débil, rehén de sus votos, antes que a un presidente de convicciones firmes (o bien sujeto en firme por alguien con convicciones), por lo cual allanarán cuanto puedan el camino a su reelección. La alternativa sería mucho mejor para España y, en consecuencia, mucho peor para ellos.

Esa alternativa sería un Ejecutivo sostenido por Ciudadanos, respetuoso con el marco establecido en la Carta Magna y por tanto enfrentado sin ambages al secesionismo. La aritmética lo permite. ¿Cuál es el obstáculo? El obstáculo no es Albert Rivera, sino Pedro Sánchez, que no quiere enemistarse con los enemigos del Estado. Lo ha dejado meridianamente claro en Navarra, decantándose por el lado oscuro.

¿Desearía recibir gratis el respaldo de los naranjas? Desde luego. Y lo utilizaría a renglón seguido para vendernos al separatismo. En caso contrario, habría formulado alguna propuesta concreta, imposible de rechazar. Pero él lo quiere todo, sin ceder ni renunciar a nada, mientras que Rivera y Casado saben, sin sombra de duda, de qué lado del golpismo se sitúan.

Se disputan a cara de perro el liderazgo del centro derecha, con matices de fondo cada vez más difusos, pero comparten inequívocamente el bando constitucional. En cuanto a Vox… después de lo visto en Murcia, es difícil decir dónde están.

Isabel San Sebastián ( ABC )