NAVIDAD EN TABARNIA

“Hijo, ¿quién ha ganado en Cataluña? ¿El Filemón?”. Eso me preguntaba mi madre, tierna y almodovariana, en la cena de Nochebuena, mientras en La 1 Pablo Alborán y Niña Pastori parecían dos gatos esponjosos metidos en una batidora. Antes, había hablado el Rey como un médico de cabecera. En realidad, una monarquía es una democracia con padre, nos hace un poco niños políticos atendiendo a sus sermones en la mesa. Sí, yo aún soy republicano aunque aquí no haya republicanismo sino confusión con una ideología y fetichismo como de niñas muertas de Poe. Pero hemos llegado a un punto en que el Rey, un señor diciendo simplemente cosas sensatas, es magia o es insulto. No se trata, claro, del Rey como poder o como vajilla: es que ya no se atiende a la mera razón. De ahí Tabarni

En Al rojo vivo, Carles Campuzano distinguía que Tabarnia no es “una realidad social”, ellos que, precisamente, diseñan y eligen la realidad al gusto. Tabarnia es la sátira escapando por su espita, el sombrero de sombrerero loco del independentismo dado la vuelta, el pastafarismo del procés. Es la refutación del separatismo por reducción al absurdo, hermosa como la demostración de la irracionalidad de la raíz cuadrada de 2. Y deja una guasa con la duda de que no lo sea, como cuando mi madre dice Filemón por Puigdemont. Tabarnia ha copiado los mitos solares del secesionismo; ha hecho su propia Navidad con magos mercaderes, dioses de oro y paja y postillas, romanos de lata y herodes como bajos de ópera, y nos ha dejado La vida de Brian de la teología catalanista.

Sin embargo, hay escalofríos contra los que no podrá la sátira. Como ese concierto de San Esteban que nos mostraban luego, todo el teatro con chorreras y baberos indepes. Los niños cantores en Navidad hilan millones con sus botones o dejan esta estampa siniestra de soldados infantiles y de una ideología tomando ya los espacios no políticos, la diversidad de lo público, en escenarios, estadios, colegios o rotondas con campamento. Alguien de la CUP explicaba que lo suyo es cosa de la “evolución humana”. El superhombre catalán. Con eso no podrá la ironía. Hace falta mucho más para volver a la normalidad política y ética. Y a una Navidad en la que yo pudiera escribir de triunfitos ahogados en cabello de ángel y de Cristina Pedroche vestida de fondo marino.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )