NI CONTAR SABEN

Finales de mayo y el Ministerio de Trabajo parece incapaz de ofrecer cifras fiables de los trabajadores afectados por un ERTE que están pendientes de cobrar. La tarea es difícil, sin duda, sobre todo para un Gobierno que cada dos por tres cambia el método de contar las cosas.

Ayer mismo, tras tres meses de pandemia borró de un plumazo de las cifras oficiales casi dos mil muertos que hasta anteayer figuraban en la estadística de fallecidos por el Covid-19. No se trata de un desajuste leve, de apenas unas decenas, sino de miles de muertos a cuyos familiares habrá que comunicarles que han muerto de otra cosa. O no… También resulta sorprendente que los nuevos métodos de conteo se resuelvan siempre con una cantidad menor de casos.

Pero lo cierto es que a estas alturas es imposible saber cuántos trabajadores están pendientes de cobrar la ayuda prometida, una cifra que va desde los 900.000 que hace unos días calcularon los gestores a los apenas 46.000 que el pasado 15 de mayo, allá por San Isidro, dijo la ministra Díaz que quedaban pendientes de recibir la ayuda. Una semana después, el SEPE afirmaba que rondaban los 70.000. Y así todo.

Estos vaivenes contables son la fotografía de un Gobierno a la deriva, con pendencias internas y absolutamente sobrepasado por la enorme tarea que asumió al decretar la alarma y obtener los máximos poderes que unos gobernantes hayan tenido en época democrática.

Ya no es que el gabinete más hipertrofiado de la historia no transmita la sensación de que podrán sacarnos del atolladero, es que parece incapaz de saber el alcance aproximado de la tragedia nacional acaecida, ni los muertos que hay, ni los contagiados, ni los trabajadores que llevan más de dos meses sin que entre un euro a casa, ni cuándo podrán llegar los turistas extranjeros sin tener que pasarse dos semanas sin salir de la habitación del hotel…

Nada, ni una leve certidumbre que ayude a la esperanza llega al ciudadano, al que a cada paso se le cambian la cuenta y el cuento: un lunes las fases de la «desescalada» son inamovibles y al siguiente se anuncia que algunos podrán saltarse una o dos si los «expertos» desconocidos así lo deciden.

Por cambiar, pueden hacerlo hasta las condiciones del estado de alarma, que ahora se anuncia discriminatorio y del que unos podrán salir y otros no. Por no hablar del baile de las mascarillas, metáfora final de este desconcierto.

Ni los muertos ni los vivos (que quedan por cobrar) saben contar.

Álvaro Matínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor