NI DECENCIA NI ÉTICA

El escudo social que diseña Unidas Podemos para hacer de España una inmensa unidad de cuidados intensivos, si no paliativos, un Ifema de infectados por la pobreza y tratados por la beneficencia, empieza por una mascarilla, universal como una renta mínima y asequible como las juanolas, una prenda que en la España de la nueva normalidad va a ser lo que el chándal al chavismo.

Es ahí donde entra el ministro de Comercio, que ayer calificó de indecente el precio de estos productos, ahora de primera necesidad y encarecido por una demanda que no estaba en ninguno de los escenarios que José Luis Ábalos, ministro de Transportes y Gerundios, siempre está «preveyendo».

Activista de la revuelta del ébola -«Rabia en lo que uno siente cuando una profesional de la sanidad pública se juega su vida por la incompetencia y mediocridad de una ministra», octubre de 2004- a Alberto Garzón no se le ha ocurrido reflexionar sobre el escudo textil del que se ha privado durante semanas a los miles de médicos y enfermeros afectados por el Covid-19, ni se ha enrabietado por la muerte del jefe de servicio de Cirugía de La Paz, Joaquín Díaz Domínguez, uno más en la lista de caídos que deja una guerra en la que perdemos talento, conocimiento y entrega.

Nos queda, eso sí, la presunta decencia de quienes aseguran que «nadie se va a quedar atrás», qué paradoja, mientras guardamos silencio por las víctimas del virus, un minuto de duelo y homenaje que se hace interminable en el «clima social» que monitoriza el Gobierno para evitar rabietas como las que hace seis años, entonces inmunodeprimido, sufría Garzón.

El Tribunal Supremo impuso ayer al Ejecutivo la obligación de rendir cuentas quincenales sobre la distribución de medios de protección a los profesionales sanitarios. Ha tenido que ser la Justicia la que recuerde al Gobierno cuáles son sus obligaciones y quiénes son la prioridad en este momento.

Entre autoprotegerse y protegernos, ministros como Alberto Garzón dan la medida de la decencia y de la ética de la compañía estable para la que trabaja. Que nadie se quede atrás significa de manera provisional que nadie salga a la calle sin mascarilla.

El escudo social empieza por la cara de esa gente a la que tenían que salvar los médicos que ya se han muerto.

Jesús Lillo ( ABC )