Cuando escucho eso de “madres protectoras”, una terminología de laboratorio feminazi en el que emplean sus tristes horas una banda de asesoras -léase “la banda de la tarta”– que cobran más de 100.000€ al año y cuya mente atrofiada no ve más allá que odio al hombre y a los hijos del hombre, justo entonces, pienso para mis adentros: “Estas atormentadas secuestradoras que destrozan a sus hijos qué coño van a ser una madre, son lo contrario de una madre”.

Madres, la verdad, las de antes; madres, la verdad, a día de hoy quedan muy pocas, aunque haberlas haylas, pero no son mayoría, sino minoría.

Una madre, madre con mayúsculas, prima y desea por encima de todo el bienestar de su hijo. Hablamos de una persona mentalmente sana y con capacidad para distinguir que ella, su hijo y su ex tienen derechos propios, específicos, tales como el derecho de su hijo a tener un padre y relacionarse con él, tales como el derecho de un padre a ser padre y criar a su hijo, tales como los derechos de los abuelos a tener un nieto y poder tocarlo y besarlo.

En el lado opuesto de estas madres de verdad están las feminazis paridoras cuyo hijo es un aborto no consumado que le va a servir de escudo, de moneda de chantaje, de cheque en blanco…sufra lo que sufra ese menor, sufra lo que sufra el padre, sufra lo que sufran los abuelos de ese hijo maltratado.

De modo que una “madre protectora”, en la práctica, tal como vemos a diario en esta Femiespañistán, es aquella hembra que destroza sin piedad a su cría al privarla del amor y los cuidados de su padre y de la familia extensa de éste, como la hace vivir secuestrada, en contra de su voluntad, en un entorno tóxico y gravemente perjudicial para ese menor cada día que pase.

Una feminazi paridora, cuando por lo que sea no aborta y arroja a este mundo un producto cárnico para lacerarlo a su gusto, sin medida, y servirse de él, no distingue las necesidades ni de su hijo ni las del padre de su hijo y sólo ve las suyas; una feminazi paridora, una criatura de naturaleza asocial y perseguible por ley, es la que se protege a sí misma poniendo como escudo a su hijo, recibiendo éste a manos de ella un maltrato emocional que lo dañara de por vida, ya que toda feminazi paridora considera eso de primero yo, segundo yo y tercero yo, porque tal regalito es un peligroso cóctel de enfermedad mental, maldad e intereses materiales, de ahí que destroce a todo el inocente que coja por delante.

Si a esta jauría de “ni madres ni protectoras” las indulta, una tras otra, ese cacao de desgobierno que nos desgobierna, una mezcla heterogénea e inestable de podemitas untadas con el dinero que se le ha robado a los venezolanos, socialistas sin escrúpulos y niñatas comunistas de arrabal, ahora señoritas Loewe, si para colmo se crea un ministerio de Igual Da y en él se coloca a una menestra de Desigualdad, entonces el genocidio de hijos, padres y abuelos está servido, como al par el abuso de ley desde la propia ley, una ley de autor.

Fomentar, animar y motivar con indultos, una y otra vez, el secuestro y la ocultación de un menor a manos de hembras irresponsables y de dudoso equilibrio mental, además dejando a sus indefensos y desamparados hijos en manos de éstas para que se protejan con ellos a modo de escudo, todo esta inconstitucionalidad a manos de un desgobierno que tiene en el voto de estas elementas su improbable permanencia en la poltrona, sin duda es objeto claro y nítido de una querella penal al Consejo de Ministros en general y al que hace como de presidente en particular.

José R. Barrios ( El Correo de España )