NI POR DECRETO

La prueba de que España tiene un Ejecutivo enclenque, incapaz de gobernar con la solvencia y acierto que merecen los españoles, es que un partido menguante (según todas las encuestas) y sumido en la crisis más profunda que haya conocido en su corta y populista vida, Podemos, acaba de propinarle una severa derrota parlamentaria a cuenta del tope a los precios del alquiler.

Es como si un tipo que crees tu amigo y que ahora mismo no tiene ni media «guantá» te mete un palizón y regresas a casa sin entender por dónde te han venido las tortas. Pues por aquí vinieron…

Sánchez se las prometía muy felices gobernando por decreto, sabedor de que con los socios que eligió para que le llevaran La Moncloa (un batiburrillo al que solo une su odio al PP y las ganas de deshacer España) le iba resultar muy difícil sacar ley alguna en el Congreso.

El problema de gobernar por decreto, que es lo que hacen los malos dirigentes porque eso tiene más que ver más con «mandar» que con «gobernar», es que luego esos decretos hay que convalidarlos en las Cortes y que en esa votación se vuelve a depender de los socios elegidos, que siguen siendo la misma tropa.

Cuando no sean los de Podemos quienes te muelan las costillas sin quitarse tan siquiera la goma de la coleta, serán los separatistas o los proetarras, que hay tantos a pasar la factura del viaje a La Moncloa del doctor que ya hacen fila sus acreedores en la carrera de San Jerónimo, como aquellos que en el avión de «Aterriza como puedas» aguardaban en el pasillo a apalizar a aquella pasajera débil e histérica.

Porque lejos de ser «bonito», el gabinete ministerial de Sánchez es lo que se conoce como «un hombre al agua», un equipo de presuntos expertos a la deriva, al albur de que cinco diputados filoterroristas o de la banda del lazo te manden humillado al rincón de pensar recordándote tu menesterosidad política al grito de «sin mí no eres nada».

Y si no, serán los del PNV quienes pasen al cobro, que ya le han rascado la transferencia de Prisiones al País Vasco para 2020 («Euskal presoak etxera», recuerden) y a los que a Sánchez solo le falta bailarles un aurresku.

Un Gobierno, en fin, incapaz, insólitamente presumido y con tendencia a la molicie, que ahí tenemos al ministro de Fomento que, tras sacudirse el problemón del taxi como si no fuera con él, no se trabajó el apoyo de sus socios al decreto del alquiler. Ni por derecho, ni por decreto.

Álvaro Martínez ( ABC )