Unanimidad: el ciudadano Pedro Sánchez «logra el apoyo del 95%» para su nueva «escalada» a lomos del borriquillo de Ferráz -sin importarle que el viejo animal esté lleno de mataduras, garrapatas y moscas- y doblaje de la cerviz en 90 grados, es aquello que se les viene exigiendo por parte del «padrinnetti» de turno a la militancia sociata, para alcanzar lo que se considera la normalidad interna del partido -eso es igual entre la generalidad del rojerío nacional, ya sean socialistas o comunistas de cualquiera de sus múltiples raleas-. Y eso es en realidad lo que se renueva en este tipo de aquelarres políticos.

A este cuadragésimo congreso en Valencia -Ximo Puig con peluquín de las grandes galas- han concurrido, para hacer el clásico rebaño, mas de nueve mil unidades que, al cierre, habrán acabado balando, como es la impuesta costumbre, al unísono del presuntuoso balido del su «macho alfa».

¡Ni un solo balido mínimamente discordante o disonante! ¿Es posible que entre tantos no hubiera alguien… un loco perdido; un despistado que llegara al partido como Vicente, que fue a donde vio que iba la gente,  capaz de pensar que quizá pudiera haberse obviado algo que, pudiera estar mal hecho por parte de la Secretaría General entre congreso y congreso? Eso nunca; el miedo -presumía su dueño con una escopeta de cartuchos del 12 en sus manos- guarda la viña.

Lo de la viña es el punto hasta donde intelectualmente se atreven a llegar muchos socialistas, por terror a perder su actual estatus de «enchufados», dedocráticamente decidido por el actual dictadorzuelo de jacarandosos andares y perversas acciones, en la nómina del Estado, sin otro titulo que les avale, la posibilidad decente de ganarse el pan con su propio esfuerzo fuera de esta peculiar política.

Hasta el indómito Felipe González («Isidoro» contra el franquismo) se guardó mucho de salirse del orfeón del beeee, beeee, y más beeee, para dejar patente su opinión divergente, de la que ha hecho gala por los medios de información.

Esta mañana, por las ondas, a un individuo que se declaraba socialista votante, le escuché decir que: «ya solo nos queda Corcuera». Creo que con lagrimitas estaba acompañando su queja.

Lástima no haberle tenido físicamente al alcance porque, abrazado a él, yo también lloraría la desaparición de las primeras filas de la popularidad mediática de la bellísimas cara y el escultural cuerpazo de la ciudadana Adriana Lastra; que siendo un gran pérdida estética, mayor es la pérdida para nuestros oídos de su cuidada palabra, siempre acompañada por la ciencia.

Echando de menos los españoles a la señora Lastra, dejaremos en ridículo a los italianos, en mayor medida a los florentinos, añorando a Dante. ¡Aquí si vale aquello de: irreparable pérdida!.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )