NIEGO LA MAYOR

Los nacionalistas empiezan siempre con «El conflicto político en Cataluña…», para extenderse en su «relato», que tiene tanto de cuento de hadas como de timo de la estampita. Niego la mayor. Es sin duda un conflicto. Pero no político, sino judicial.

Desobedecer sentencias de los más altos tribunales es un delito, como celebrar un referéndum anticonstitucional y declarar la independencia sin las mínimas garantías legales. Eso no es política democrática, es saltarse la normas básicas de la democracia, que ha merecido sentencias del Tribunal Supremo por sedición y otras graves infracciones.

Es como debería haber actuado Pedro Sánchez, pero hizo justo lo contrario: aceptó que lo de Cataluña es un «conflicto político», aceptó que se llame «dialogar» a «negociar» y, además, de tú a tú, entre el Gobierno de la Nación y el govern de Cataluña.

Eso es ya una rendición sin condiciones. Y, encima, les ofrece «desarrollar el Estatut» -se supone, restablecer buena parte de las competencias eliminadas por el Tribunal Constitucional en 2010- y aumentar la inversión estatal en Cataluña. O sea que, aparte de cornudos, apaleados. Ustedes creerán que sus interlocutores se darán por contentos con eso, pero se equivocan.

Los nacionalistas son insaciables y siguen diciendo que su último objetivo es la autodeterminación. Para lo que necesitan tener a Pedro Sánchez en La Moncloa el mayor tiempo posible. «no tenemos prisa en su investidura», dicen. A Sánchez no es que le urja, es que siente ya el fuego debajo de los colchones que mandó comprar.

Y tiene la desvergüenza de pedir al PP que le salve con su abstención, dando a entender se ve obligado a pactar con ERC si no lo hace, lo que es el colmo del cinismo. Nadie le obliga a hacerlo. Podía pactar con cualquiera. Él solito se ha metido en el callejón en que se encuentra. Por su exceso de ambición, por sus malos cálculos, por su incapacidad para llevar no ya un Estado, sino una comunidad de vecinos.

Pero esto no ha hecho más que empezar. El «conflicto político catalán» ha despertado el apetito del independentismo vasco, que pide también una reforma al alza de su estatuto, con nuevas atribuciones. ¿Todavía más?, dirán ustedes, ya que poseen uno de los más altos grados de autonomía en Europa. Ya la intentaron con el plan Ibarreche, que tumbó el Congreso, pero ahora ven otra oportunidad, con este Zapatero II, que promete superar al primero.

Si le dejan. Las últimas elecciones y las nuevas Cámaras no le han sido favorables. Su investidura se hace cada vez más problemática y si el Congreso, con 16 partidos preguntando ¿qué hay de lo mío? y un Senado donde ha perdido la mayoría absoluta, mientras Vox emerge con fuerza en la mesa de ambos, prometen ser más inmanejables que nunca.

Lo único que puede salvarle es que nacionalistas, regionalistas y extrema izquierda decidan salvarle la vida, para salvar las suyas. Pero ¿cómo gobernará España con los que no creen en ella?

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor