Lo hemos dicho, y lo sabemos de sobra. La deriva del Partido Popular hacia ninguna parte y la irrupción de VOX como derecha centrada, ha terminado por abrir la brecha apenas disimulada que desde tiempos inmemoriales existe en el PP, entre liberales y democristianos. Brecha que se ha intentado disimular, pero no sin tensiones.

La caída de Rajoy y el consiguiente desplome del PP abrió de par en par esa brecha, que parece que sólo vio niña Ayuso, crecida a los pechos del PP, íntima de Pablito Casado y sin más experiencia profesional y vital que llevar la agenda y pasear al can de la Doña del Partido Popular, Esperanza Aguirre.

¿Y qué vio niña Ayuso? Pues, vio que un PP sin valores, acomodado a la cultura de la izquierda en el orden social y cada vez más alejado de su electorado, estaba condenado a la oposición hasta que tuviera que asumir la tarea de gobernar para enmendar los estropicios económicos que siempre causa la izquierda en el Gobierno de España.

Lo que ocasionaría implementar en la vida nacional nuevos ajustes económicos de corte liberal: ayudas a bancos y grandes empresas, y consiguiente pérdida del nivel de vida de los españoles. Largo se lo fiaban a la Niña que pertrechada de un ego crecido se vio como la reina de la testosterona.

Ahora bien, ¿me pueden decir que representa niña Ayuso frente a Rocío Monasterio, Macarena Olano, Reyes Romero, Rocío Meer, Carla Toscana, o Mireia Borrás? Yo se lo voy a decir. Apenas un vaso de agua dulce en el océano salado. Así pues, lo de niña Ayuso no es más que política fiscal de la que ella hace bandera. Pero eso no lo resuelve todo.

A Pablo Casado le ha sucedido Alberto Núñez Feijóo, que sinceramente no parece que pueda cerrar la brecha abierta en el Partido Popular, que sigue viendo niña Ayuso, ahora crecida y con una ambición sin medida, apenas disimulada. De ahí los avisos cruzados, todavía sin palabras, que se ha dirigido ambos, porque la Niña rechaza imposiciones.

Con todo, no sabe que todo se lo debe al partido, al PP, y lo peor, es que no sabe que sin el partido ella no es nada. Apenas un espejismo como lo fue la otrora cañera socialista Rosa Díez… ¿Se acuerdan de ella?… “Felipe, ¡dales caña!”

Luciendo palmito, melosa y poniendo ojitos de oveja a medio morir por su interlocutor, que bien sabemos que es arma muy poderosa, sería un error para cualquier contrincante pensar que la Niña no va de lideresa.

Por eso, que no se fíe  Feijóo.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )