NINETTE Y UN SEÑOR DE MURCIA

La Vanguardia, periódico nacional que cambió de nombre después de que la espichara el dictador, y cuyo propietario es un grande de España de talla pequeña,  sigue sin dar puntada sin hilo cada vez que se esmera en significar quién es importante y quién no lo es, en Cataluña.

Ayer se refirió al escritor Daniel Gascón  como “ un articulista aragonés” que  había opinado en el New York Times sobre el carácter supremacista del nuevo Presidente de la Generalitat,  y al subrayar su condición de baturro dejaba claro que carecía del pedigrí étnico y profesional de los que juntan letras en el periódico decano,  de allá arriba a la derecha.

Si hubiera dicho que el articulista era polaco, o nacido en Birmania, habría tenido más sentido que destacaran su condición de lugareño, pero da toda la sensación de que “los entre posturas”  del Conde de Godó han querido subrayar que,  en tratándose de un  tipo que  se atreve a llamar xenófobo  al mamporrero de Puigdemont,  sus opiniones sobre lo que sucede en el reino del despropósito debían ser minusvaloradas. O tal vez no  – ¡vaya usted a saber! – porque de la misma forma que  “la Dueñas” escribe entre costuras, ellos pueden hacerlo como les plazca.

En España estas cosas suceden de antaño y sólo hay que tirar de hemeroteca  o de buena memoria  para encontrarnos  con   casos y cosas nada ejemplares en una profesión en la que, como en botica, hay de todo.

Dicen que un día la Duquesa de Alba,  cuando se enteró que un grupo de periodistas estaban a las puertas del palacio de Liria para cubrir un evento social, le dijo a sus sirvientes la siguiente frase: “Que pasen y que les den de comer”.

Era otros tiempos pero las cosas a veces cambian menos de lo que imaginamos porque también circula, con visos de credibilidad, una escena parecida, aunque sin viandas que echarse a la boca, en el Palacio de la Generalitat a cuyas puertas también esperaban los informadores.

Llegado el momento de autorizarles el acceso al lugar donde tiene su despacho gente que algún día fue honorable,  un  propio le dijo a los ujieres: “Que pasen los periodistas… y el señor de La Vanguardia”.

La crisis de valores no ha dejado títere con cabeza ni siquiera en una profesión que solo tiene  sentido en la medida en la que cuente lo que el poder no quiere que se conozca.

Cuando Arniches escribió “Ninette y un señor de Murcia” no sabía que, pasado el tiempo, le haría la competencia la frase “Quin Torrá y un señor de Aragón”.

Diego Armario