La política exterior del Gobierno ha quedado en evidencia con el ninguneo del que ha sido objeto España por parte de EE.UU. y Marruecos en la firma del acuerdo por el que Donald Trump reconoce a Rabat la soberanía sobre el Sahara Occidental, saltándose resoluciones de la ONU.

Asuntos Exteriores solo ha recibido la notificación de un acuerdo consumado y de cuya discusión ni siquiera se ha enterado.

A renglón seguido, La Moncloa dio por desconvocada la reunión de alto nivel que iba a mantener en Rabat la próxima semana arguyendo la gravedad de la pandemia.

Otra mentira añadida a las habituales porque la excusa no se sostiene. Primero, Pablo Iglesias presionó para acudir a esa cumbre pese al conflicto generado después de que Podemos exigiese un referéndum favorable al Frente Polisario.

Después, Sánchez lo apeó por la presión de Rabat, y ahora alega «problemas de agenda» para la suspensión. Sánchez ha conseguido que España sea una sombra de lo que fue y que nuestras relaciones con ambos países sean humillantes.

ABC