NO, CARMEN, NO

La anécdota ocurrió en el Senado y figura en los anales de la burramia parlamentaria. En febrero de 2005, Van-Halen, senador del PP, hizo una crítica retórica a la por entonces responsable de Cultura, recurriendo varias veces al latinajo «la ministra dixit».

En su réplica, la ministra del PSOE, confundiendo el dixit latino con los célebres ratones de dibujo animados, le respondió airada que «ni Pixie ni Dixie», que ella no iba a tolerar que la insultase. Aquella eminencia se llamaba Carmen Calvo y aún sigue en política. Ahora es vicepresidenta. Los años han pasado, ya peina 62 abriles, pero se mantiene fiel a los derrapes oratorios.

Ayer, en una conferencia en la fundación del PSOE, Calvo, que alardea de feminista, declaró que esa causa pertenece en exclusiva a los socialistas. Lo remarcó con garbosa dialéctica choni: «El feminismo no es de todas, no bonita; nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento socialista». También equiparó derecha con machismo y explicó que la prostitución, que existe desde la noche de los tiempos, es fruto del «capitalismo liberal».

Siento decir que vuelve a ponerse de manifiesto la mala relación del sanchismo con la verdad. Hubo mujeres y hombres socialistas cruciales para la causa del feminismo, cierto. Pero también hubo liberales que fueron claves en la llegada de los derechos de las mujeres, y muchos socialistas que los taponaron.

El voto femenino se aprobó en España en 1931. La iniciativa la defendió la gran Clara Campoamor, liberal, no socialista. Victoria Kent, diputada del PSOE, votó sonoramente en contra, al igual que la izquierdista Margarita Nelken. Ambas veían a las mujeres «entregadas al confesionario», por lo que temían que si se las dejaba votar las dirigiesen los curas, dañando así la causa republicana.

San Azaña, patrón de progresistas, tachó de «tontería» el sufragio femenino. El socialista Indalecio Prieto abandonó iracundo la cámara cuando se aprobó, dando voces de «¡puñalada a la República!». No, Carmen: el PSOE no siempre estuvo con el feminismo.

El más temprano defensor en un Parlamento de los derechos de las mujeres fue probablemente el filósofo John Stuart Mill. Me temo que era hombre, y para más inri, liberal. La batalla más célebre de las mujeres por sus derechos fue la de las sufragistas británicas a comienzos del siglo XX.

En su primer intento por entrar en política, su gran líder, la mancuniana Emmeline Pankhurst, fue rechaza por los laboristas por su sexo. Tras organizar una audaz y larga campaña de activismo callejero en pro de su causa, Pnakhurst acabó como candidata a diputada por el Partido Conservador. Normal: fueron los tories los que el 2 de junio de 1928 sacaron adelante la ley que igualaba la edad de voto de mujeres y hombres en 21 años (antes ellas solo podían votar a los 30).

La historia, la de verdad, está llena de matices y debe contarse en toda su amplitud, sin orejeras ideológicas. Resulta un poco cansino tanto catecismo dogmático; especialmente, Carmen, cuando viene trufado de falsedades y de desprecio sectario a opciones políticas tan legítimas como la tuya.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor