Como si nada hubiera pasado. Instalados con esa persistencia casi paranoica en la película de política-ficción que les ronda la cabeza, los separatistas llevaron ayer a Torra al Parlament como si el Tribunal Supremo no le hubiera comunicado que está inhabilitado para ejercer cargo público por desobedecer a la Justicia, no por poner una pancarta como él insiste tramposamente blandiendo su libertad de expresión.

Lo cierto es que cuando más libremente se ha expresado Torra fue cuando llamó «bestias carroñeras» a los catalanes que hablan castellano, se le entendió todo y a la vez se entendió lo que él representa. Y nada le pasó pese al roznido, así que ese derecho goza en él de una salud de hierro.

Para redondear la fantasmagórica sesión de ayer, ese nuevo espantajo de lloriqueos nacionalistas, apareció por allí, en una pantalla gigante, Puigdemont, aquel que siendo presidente de la Generalitat salió corriendo a esconderse en Waterloo mientras dejaba a un paso de la cárcel a sus compañeros del golpe.

Ya ven, un valiente… Y seguramente no hicieron un múltiplex con Jordi Pujol, el verdadero pater familias de la banda del lazo, por la premura con que fue montada la performance de «fantasmas» en el Parlament o quizás porque ayer tenía una declaración judicial junto a su mujer y sus siete hijos, todos encausados por corrupción y a punto de banquillo. Puede que incluso estuviera el viejo Jordi repartiendo «misales» en Andorra con sor Marta, la «madre superiora». Quién sabe.

Todo lo que ocurre en el universo «indepe» lleva pues camino de Cuarto Milenio, todo allí es digno de entrar en la nave del misterio, una realidad paralela que les conduce a un micromundo donde la ley y el derecho no les atañen porque ellos están en una situación de prevalencia étnica y superioridad moral, producto naturalmente de su imaginación.

Por eso resulta extraño que ayer no apareciera por el Parlament para despedir a Torra el espíritu de alguno de los (al parecer) 133 presidentes de la Generalitat que llevan contados.

Que si bien Cataluña jamás fue reino independiente, en el fértil imaginario separatista se remontan hasta la Edad Media -hasta el infinito y más allá- los antecesores del inhabilitado (Torra), el fugado (Puigdemont) y el procesado (Pujol), qué tres patas para un banco.

No, no cabe un «fantasma» más en la nave del misterio.

Álvaro Martínez ( ABC )