‘Mientras que el miedo (diferenciado del temor en su elemento irracional y emotivo) prepara a la población para la mentira, el papel de la propaganda, adecuadamente manipulada y elaborada, difunde desinformación, intoxica la mente y promueve la confusión con respecto a la fuente de las amenazas y a la naturaleza de la crisis, ayudando a romper y creando disrupcción en las mentes de algunas personas, sobre todo de  aquellas que viven como masa desarraigada».
Las conclusiones de la operación arriba descrita a las que han llegado los psicólogos sociales o los que en ocasiones nos dedicamos a estudiar la manipulación informativa y el engaño, han sido resumidas en que:
El efecto final producido, tras un tiempo más o menos largo en función del arraigo a las tradiciones y a la identidad propia de esa sociedad, y también en función del sentido de trascendencia que se tenga, es Psicosis Social.
Los síntomas de esta Psicosis son:
Pérdida de la capacidad de juicio crítico, del discernimiento informativo y de la capacidad de sentir emociones propias humanas.
Una de las fuentes, más efectivas e influyentes generadoras de esta situación o planificación estratégica de engaño social, es el Estado. El Estado actúa mediante un »modus operandi» que se ha venido en llamar:
Bombardeo Propagandístico Manipulado.
Para generar este estado de consciencia pervertido, y en algunos casos patológico, el Estado no sólo hace uso de los canales oficiales sino de aquellos medios de comunicación de masas que se prestan a la ingeniería social con su propia población y con fines de control y poder.
Generar noticias contradictorias en cortos espacios de tiempo (como ha sucedido en estos dos últimos años con las restricciones »pandémicas» y las diversas alternativas de »vacunación») ha sido otra de las fases de esta operación psicológica para así no dar tiempo al discernimiento ni al juicio crítico de la información.
Manipular y orientar la decisión de la persona que pasa a ser individuo en la masa o aislado es el propósito inmediato. Mientras se está buscando un contraargumento o explicación razonable a la primera mentira, los manipuladores lanzan otra mentira.
La forma de presentar y desarrollar esta Campaña de Manipulación o de Operaciones Psicológicas es muy particular y se conoce como:
Ondas de Terror.
Se trata de etapas donde la tensión (a consecuencia de la información manipulada y constante) aumenta exponencialmente seguidas de pequeños períodos de calma, lo que poco a poco va destruyendo la moral del individuo (hago referencia a individuo y no a persona pues en la masa, o en una situación de aislamiento, la persona en su sentido pleno e integral queda disuelta y pasa a ser individuo) y su sentido de proyección y perspectiva anulados.
En este momento es cuando se plantea la »solución» al problema y que es el objetivo gubernamental o de entes supranacionales:
Sirva como ejemplo la inoculación postpandémica.
El mismo individuo, que no piensa de forma autónoma sino como masa, pide al gestor gubernamental que debe solucionar el conflicto que aplique esa medida que se ha planteado como única solución a la resolución del conflicto.
Sin embargo, cuando el Gobierno no puede llevar a cabo esa medida plantea determinados cambios legislativos y de las reglas »del juego democrático», y esta es la segunda fase de la toma del control de poder:
La consolidación y respaldo legal de la pérdida o entrega de las libertades y derechos. Los ciudadanos, ahora convertidos en individuos aislados o en la masa, suplican que se aplique la solución con la consiguiente pérdida de libertades, y que antes no habrían tolerado.
El Gobierno accede »magnánimamente» y logra su objetivo de toma de poder y control.
La calma regresa, pero no las personas con capacidad de juicio crítico (salvo que se les saque de la masa y de su influencia psíquica) pues siguen siendo individuos manipulables para próximas ocasiones de toma de poder en las que se crearán situaciones de peligro diferentes.
Si en esas situaciones no se consigue el efecto anterior cabe la posibilidad del aislamiento y distanciamiento social físicos »por un bien común mayor». El individuo de esa forma se vuelve más susceptible a delirios y psicosis.
Además, con el aislamiento, se pierde la referencia o influencia positiva del ejemplo correctivo (que se da también en los animales mamíferos) y se expone a nuevos condicionamientos asociales y que no son propios de los humanos adultos.
En este punto el individuo queda en un estado de infantilización en el que cede todo el control al Estado para que le resuelva los problemas en los que se siente incompetente como persona.
Esto sucede al perder la categoría intelectual y moral convirtiéndose en víctima, en ente tribal o gregario y al haber descendido a un nivel de consciencia inferior que nos condiciona.
Cortar con los elementos de condicionamiento cognitivo y manipulación informativa es la clave inicial y después seleccionar las fuentes limpias y fortalecedoras en sentido mental, emocional y espiritual.
Desde esta posición de Guerra estaremos mejor dispuestos y capacitados.
Daniel Ponce Alegre ( El Correo de España )