O Pedro Sánchez tiene información económica privilegiada que no comparte con los ciudadanos, o sencillamente miente para mantener una utopía buenista muy alejada de la realidad. O España se ha convertido en el país más optimista del mundo, o es el más cegato en cuanto a las previsiones de crecimiento para el año 2021.

Y más bien parece lo segundo por una mera cuestión estadística y de credibilidad: no hay un solo organismo nacional o internacional que avale los pronósticos del cuadro macroeconómico elaborado por La Moncloa para los próximos meses.

Cuando ya parece inevitable que el año 2020 España cierre con una caída del PIB del 11,2 por ciento, el Gobierno confía que el año que viene alcance un crecimiento del 9,8, y sobre esa base ha elaborado unos Presupuestos Generales verdaderamente ilusorios.

Como primera providencia, ese crecimiento se fundamenta en una recepción de fondos europeos que de momento sigue en el aire. Pero en el hipotético caso de que no llegara ese deseado maná de Bruselas al presupuesto calculado por La Moncloa, el crecimiento apenas sería del 7,2, una cifra a priori demasiado optimista si se tiene en cuenta que el Fondo Monetario Internacional prevé ese mismo crecimiento del 7,2 por ciento aun recibiendo fondos europeos, que la Comisión Europea lo reduce a un 5,4, y que la OCDE, el organismo más pesimista, lo hunde hasta el 5 por ciento.

Son cálculos, solo estimaciones, sí, pero no deja de ser sospechoso que el Gobierno de Pedro Sánchez se aleje tanto de unas previsiones oficiales realizadas por acreditados expertos que, además, son bastante coincidentes.

Sánchez está jugando con una baza realmente peligrosa. Parte de la idea de que siendo España una de las cinco primeras potencias económicas de Europa en términos objetivos, ningún país permitirá que nuestra economía se despeñe más porque a la larga el perjuicio será para toda la UE.

Por tanto, subyace la idea de que Europa tiene una obligación moral con España independientemente de que nuestros presupuestos no sean creíbles para la Comisión, de que no cuadre en absoluto el cálculo de ingresos y gastos, y de que las alertas de nuestro endeudamiento por encima del 120 por ciento del PIB sean ya irreversibles.

El Gobierno se ha desviado en casi 4,5 puntos sobre cualquier estimación al alza que haya hecho Bruselas, y ningún otro Estado se ha alejado tanto ya que la media para el margen de error está en 1,7 puntos. Es lógico que la Comisión Europea haya lanzado señales de alarma frente a la euforia con la que el Gobierno aprobó los presupuestos el pasado jueves.

España no está para euforia de ningún tipo, y menos aún ante la incertidumbre que genera la posibilidad de una tercera ola de la pandemia desde el próximo mes de enero.

Aparte, hay otros datos que revelan que el Gobierno incurre en mala fe propagandística con sus cálculos erróneos. España no solo no va a ser el país de Europa que más fondos reciba de Bruselas en 2021 en términos proporcionales (República Checa, Grecia, Italia, Bulgaria, Hungría o Malta recibirán más en relación a su PIB), sino que Sánchez presume de ser el receptor de 27.000 millones que la propia Comisión Europea calcula en apenas 11.190, mientras Funcas los cifra en 14.000. Como mucho, apenas la mitad.

El motivo de esta política de hipnotización de los españoles en virtud de criterios inexactos o directamente falsos solo los conocen Sánchez y su engrasado aparato de propaganda gubernamental. Por el contrario, cabe sostener que Sánchez no se basa en un optimismo que nadie más en el planeta ve, sino en su perfeccionada obsesión por la mentira.

ABC