NO ES POLÍTICA, ES EL CÓDIGO PENAL

» Política «. Según Torra, Puigdemont y otros compañeros mártires, la sentencia del Tribunal Supremo ha sido política porque habría condenado una causa de esa naturaleza: política. Si el PP mañana promoviese subir el límite de velocidad en las autopistas a 140 kilómetros por hora -lo que ya es el límite en algunos países- y el Gobierno de Sánchez se empeñara en mantenerlo en 120 km/h -Zapatero y Rubalcaba lo rebajaron a 110- y a mí me pusieran una multa y me quitaran puntos del carnet de conducir por circular a 142 kilómetros por hora, yo podría aducir que me han puesto una sanción política.

Habría un partido mucho más relevante que ERC y el PDECat, que diría que se puede circular a 140 por hora -como es el caso en las autopistas alemanas. Pero lo cierto es que por más que ésa fuese la visión de un partido relevante de las Cortes Españolas, a mí me habrían condenado por un delito tipificado en el Código Penal. No por una causa política.

A partir de ahí, hay que hacer el máximo ruido posible: Puigdemont, de nuevo preso a la fuga, da una supuesta rueda de prensa en la que en lugar de preguntas hay aplausos de la claque que ocupa la sala; Torra comunica que apremia al Rey de España a que se reúna con él -como si estuviera tratando con el delegado de Volkswagen en la zona franca- y Pedro Sánchez -como Puigdemont- hace una declaración sin preguntas de los periodistas y parte ella es en inglés, demostrando un grado de catetez inigualable.

Está muy bien que un político español dé entrevistas en inglés a medios anglosajones. Pero emplear el inglés en el palacio de La Moncloa en lugar de la lingua franca que es el español es bochornoso. Y más que TVE traduzca al castellano lo que ya había dicho en español un minuto antes. Pensarían que conviene repetir por si alguien se ha dormido.

Al margen de estas miserias que no dejan de ser relevantes a la hora de analizar la repercusión internacional de lo anunciado ayer en Madrid, lo cierto es que el problema final de este proceso no es la magnitud de las penas que les han sido impuestas. Imagine cualquiera que mañana le dicen que tiene nueve años de prisión ante sí -ni digamos trece.

El problema es la inmensa laxitud que España ha otorgado a los criminales, que ven cómo sus penas se rebajan a una tercera parte de la condena antes de empezar a contar. Y que si están en una prisión gestionada por un amigo como Torra, Junqueras y los suyos disfrutan en Lledoners de un lujo casi equiparable a «La Catedral» de Pablo Escobar.

Visto así no sorprende que algún condenado ya haya dicho que no se va a acoger a beneficios penitenciarios. En verdad, estará allí mejor que en su casa. Dado lo que le cuesta Waterloo, cualquier día Puigdemont se viene a Lledoners. Le mantenemos todos los españoles y vive mejor.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )

viñeta de Linda Galmor