Todos sabemos que la forma en que se hace una pregunta condiciona la respuesta. Por ejemplo, si a los españoles nos preguntaran si no están lavando el cerebro, una inmensa mayoría contestaría negativamente.

Pero si la pregunta fuera si cabe la posibilidad de que estén intentando “persuadirnos coercitivamente”, estoy convencido que serían algunos más los que contestarían afirmativamente. Pero, en realidad, aun cuando hicieran la pregunta de una forma o la otra, se estaría preguntando lo mismo.

Creo que la mayor parte de los españoles contestaría negativamente a cualquiera de las dos preguntas porque muy pocos son capaces de imaginar que algo así se pudiera tan siquiera intentar, y eso no tiene nada que ver con su capacidad intelectual, sino porque no saben cómo actúan los grandes expertos en lavado de cerebro: los maltratadores y las sectas. Por eso, permítanme que les diga cómo se hace.

¿Qué es lavar el cerebro? Ni más ni menos que cambiar el sistema de creencias de las víctimas para que no se rebelen cuando son maltratadas o se manipula su voluntad. ¿Cómo se hace?

Intentando cambiar su forma de pensar, sentir y actuar; empleando, combinada y secuencialmente, técnicas de manipulación ambiental, emocional y cognitivas que inducen a estados en los cuales los sujetos son incapaces de percibir la realidad tal cual es.

Empiezan por controlar el medio ambiente de sus víctimas sometiéndolas a alguna clase de aislamiento del entorno social y familiar para, una vez conseguido, controlar la información que les llega, impidiendo o limitando la recepción de otra distinta. De esa forma el pensamiento se vuelve menos crítico.

El debilitamiento psicológico conseguido en la fase anterior disminuye la capacidad de resistencia mental, y es entonces cuando los maltratadores pasan a incidir en el condicionamiento emocional, activando el miedo y la culpa, sometiendo al manipulado a un sistema de premios y castigos. Así consiguen la sumisión.

Tras un tiempo de condicionamiento, comienzan la tercera y última fase, consistente en el bombardeo constante y sistemático en contra de quienes puedan alertar a las víctimas de la manipulación a que están siendo sometidas, hablando mal de quienes puedan advertirlas, reprimiéndolos y denigrándolos.

Por supuesto, en todo momento dirigen la atención hacia los puntos de persuasión, suprimiendo del lenguaje habitual las palabras que puedan inducir determinadas preguntas o valoraciones, y empleando con naturalidad otras que hasta ese momento nunca habrían empleado.

Poco a poco, los individuos van perdiendo su personalidad y comprenden el punto de vista del maltratador o los postulados de la secta. En fin, que una vez llegados a este estado, la víctima poco puede hacer porque comprende, entiende y acepta que, por su bien, se hayan limitado sus opciones de movilidad y libertad.

Y eso lo saben también los regímenes totalitarios, que actúan exactamente de la misma forma para “convencer” a sus ciudadanos de que recortan sus libertades (personales, sociales y económicas) por su propio bien. Primero los someten a confinamiento (impidiendo salidas al extranjero) o bien limitan su capacidad de movimientos a un espacio geográfico determinado, o sólo por causas delimitadas y en horarios autorizados.

Hacen todo lo posible por controlar cuando no censurar directamente la información a que pudieran tener acceso, persiguiendo las noticias no concordantes con la versión oficial y cerrando medios de comunicación no amigos. Por supuesto, extendiendo el miedo entre la población y estableciendo multas y castigos a los que infrinjan las normas de restricción de la libertad que comienzan a aparecer.

Públicamente se denigra a los críticos llamándoles negacionistas o conspiranoicos y, en todo momento, suprimen del lenguaje ordinario conceptos o frases que se habían empleado con naturalidad y aparecen otras que se asumen con una facilidad pasmosa.

¿Cuándo habían ustedes utilizado el término “distancia social”? ¿Por qué se habla de “limitación de la libertad de circulación en horario nocturno” en lugar de “toque de queda”? ¿Y qué me dicen de “cierre perimetral”?

Ahora, supongan que alguien les preguntara: ¿nos están lavando el cerebro?

Franz Ruiz ( El Correo de España )