No habría ningún problema en Ucrania si, como Finlandia, aceptase  permanecer al margen de la OTAN,  es decir, si adoptase una posición de neutralidad en la creciente tensión entre Rusia y la OTAN.

Se argumenta que  no deben aceptarse zonas de influencia, pero todas las grandes potencias ejercen inevitablemente influencia en el entorno, y Ucrania, además de ser el origen de la propia Rusia, penetra en territorio ruso lo suficiente para permitir eventuales acciones estratégicas contra él.

Por otra parte, la OTAN  misma es otra gran zona de influencia de Usa y secundariamente de Inglaterra, zona en la que quiere integrarse el gobierno ucraniano. No debe olvidarse que la OTAN fue concebida con el doble propósito de contener el expansionismo soviético y de servir a intereses más globales del mundo anglosajón, con Usa a la cabeza.

Desaparecido el peligro soviético,  queda  el interés de superpotencia. Se enarbola también el derecho de todo país a decidir sin presiones externas, pero, al margen de que esas presiones siempre existen y deben tenerse en cuenta,  ¿por qué Ucrania no decide servir como colchón neutral  entre las presiones de Rusia y la OTAN, y en cambio decide entrar en la esfera de influencia de la OTAN y opta por una política claramente antirrusa, que solo puede crear mayor inseguridad en la zona y en toda Europa?

Puede ser por una ceguera provocadora, y puede ser por orientación de la propia OTAN. Desde el punto de vista de Moscú, el actual gobierno procede de un golpe de estado orquestado probablemente por la OTAN, al modo de las “primaveras árabes” que tanta guerra civil y destrucción han llevado consigo.

Es decir, es fácilmente interpretable que la propia OTAN estuviera impulsando a Ucrania a desafiar a Rusia y provocar una desestabilización como parte de una estrategia más vasta.

Se ha dicho también que hay que frenar  a Rusia,  comparándola con  el  error de la política de apaciguamiento hacia Hitler. Pero las diferencias son enormes. Alemania era entonces una gran potencia económica y militar, que además servía de barrera frente a la Unión Soviética, mientras que hoy los presupuestos militares de la OTAN multiplican en mucho a los de Rusia, que económicamente es también mucho más débil.

Hasta ahora, ha sido Rusia la que viene siendo cercada de bases militares de la OTAN y no al revés. Y la cuestión de Ucrania ha sido la última gota de una amenaza evidente. Cabría preguntarse: ¿qué quieren Usa e Inglaterra en relación con Rusia?

Hay otra faceta fundamental en el conflicto:  La OTAN argumenta con la defensa de la democracia, al  estilo de las primaveras árabes. Pero lo que hoy se presenta como  democracia en la UE y Anglolandia es la ideología LGTBI, el multiculturalismo, abortismo y la inmigración masivos, una política obsesiva y cada vez más totalitaria en los medios para fabricar opinión pública y sofocar cualquier réplica, y una expansión del poder que anula la libertad personal inmiscuyéndose en la intimidad y los sentimientos de los individuos.

El conflicto en relación con Ucrania adquiere así unas dimensiones políticas, militares e ideológicas cuyo peligro difícilmente puede exagerarse. España debe mantenerse al margen y salir de la OTAN,   y sus infames y corruptos políticos deben ser desbancados y pagar sus muchos desmanes.

Pío Moa ( El Correo de España )