NO HAN GANADO…PERO

El independentismo es incapaz de doblarle el pulso al Estado democrático. Al menos, mientras éste no quiera dejarse ganar. Es una de las lecciones que arrojan estos años de delirio y de ilegalidad nacionalistas, y no debe quedar desdibujada por el histrionismo matón que los Torras de turno están desplegando estos días.

Pese a lo cuestionable de algunos razonamientos de la sentencia del Supremo, está bien que destaque el poder que ha demostrado tener el BOE, aunque a él se debe añadir el de los jueces, el de la Corona, el de algunos sectores de la sociedad civil, el de los partidos constitucionalistas -al menos, en el instante último de poner pie en pared- y el del resto de actores que han frenado la intentona anticonstitucional.

Sin embargo, esto es compatible con otra conclusión: el independentismo es capaz de someter al sistema a un gigantesco desgaste. No es solo el efecto demoledor que el procés ha tenido sobre las instituciones autonómicas.

En estos años hemos visto cómo minaba el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, enfrentándolos a decisiones difíciles y, con ellas, a sus propios límites, fueran estos formales o autoimpuestos. La propia sentencia del Supremo, y la manera en que ha sido recibida en sectores muy distintos, es un ejemplo de la acción corrosiva del proceso separatista sobre nuestras instituciones y su vínculo con la ciudadanía.

El panorama nos obliga, por tanto, a la tarea de fortalecer las instituciones que se han venido desgastando durante estos años. Está bien que se haya demostrado su resiliencia, como está bien que se hayan sentado algunos precedentes: la Historia supone un terreno más firme que la especulación. Pero sería muy irresponsable no apuntalar los flancos débiles de estos años.

Esto puede ir desde una modificación del delito de rebelión que lo ajuste a las realidades de nuestro tiempo, hasta un debate serio sobre el funcionamiento del Estado autonómico, los mecanismos de control del gobierno central sobre las autonomías, qué competencias deben tener estas y cuáles no, etc.

Además, el esfuerzo no debe limitarse al BOE: también se debe hacer una pedagogía constante y valiente acerca de lo sucedido en estos años. Porque no es solo el nacionalismo quien debe aprender de esta etapa; también debe hacerlo el constitucionalismo. Y el caso es que todo esto solo puede realizarse desde acuerdos entre los partidos constitucionalistas. Ese es el cambio más urgente de todos.

David Jiménez Torres ( El Mundo )