No les llaméis antifas a los hijos de puta.
Tampoco radicales, pues solamente son
salvajes con el cráneo relleno de viruta,
cobardes comunistas y carne de cañón.

Tipejos (y tipejas, pues hay también mujeres)
de espíritu vandálico e ideología vil.
Rebaño adoctrinado de indeseables seres
de aspecto amenazante y de actitud cerril.

Les gustan las revueltas, les molan los tumultos,
pues viven unas vidas de tedio y vaciedad.
Algunos son niñatos, pero otros son adultos,
pues no todas las taras se curan con la edad.

Y suelen ser los títeres, guiñoles y peleles
que actúan a las órdenes de centros de pode
que, ocultos en la sombra, les dictan sus papeles
usándolos cual trágicos histriones de alquiler.

Para ellos es tan solo jugar al escondite,
pensándose, con ello, salvar la humanidad.
¿Por qué? Pues, por supuesto, porque se les permite
y se les asegura completa impunidad.

Fray Josepho ( Libertad Digital )