NO LLEVARÁS LUTO POR MI

A mí me entra algo por el cuerpo (tanto, que apago la televisión), cuando con la mayor frialdad del mundo, como si estuvieran hablando de cifras macroeconómicas y no de vidas humanas, sale el Tío de la Rebequita con los ministros de turno y altos cargos militares a los que les haya tocado acompañarle, y da las cifras de afectados por el Covid como quien un domingo por la tarde ofrece el resultado del partido de Las Gaunas.

Y, sobre todo, se me revuelven las tripas cuando, como si fuera un triunfo, va el buen señor del chaleco de pelotillas y dice que ayer «sólo» hubo, ¿qué digo yo?, cuatrocientos muertos, o trescientos cincuenta, por lo que el panorama es muy esperanzador.

Con la mayor frialdad, sin un ápice de sentimiento, han conseguido convertir las vidas humanas en una estadística. Como antes escuchábamos como el que oye llover, sin que nos tocaran el corazón, las cifras de víctimas mortales en las grandes catástrofes naturales en lejanos países del Tercer Mundo, han conseguido que ahora nos enteremos de estos cientos diarios de españoles muertos sin nombre ni apellido y, lo que es más triste, sin sentimiento.

Les dan más importancia al número de afectados por el virus o a los hospitalizados que a los que han muerto por su causa. Salvo, claro está, que el difunto sea alguien muy conocido o famoso, en cuyo caso, y siempre como muy de pasada, en su obituario añaden que murió «a causa del coronavirus».

Cada vez que asisto a este triste espectáculo televisivo del desprecio por la vida humana, evoco el accidente del Yak- 42 en Turquía, en 2003. No sé si lo recuerdan. Cuando en un avión alquilado como ahora se compran las mascarillas falsas en China, regresaban a la Patria 62 militares españoles que habían cumplido su misión de paz en Afganistán.

¡Madre, la que se lió, porque estaba el PP en el Gobierno! Cuánto dolor, verdadero o falso, se puso en marcha por la muerte de aquellos 62 servidores de España. ¿Recuerdan el funeral de Estado en las pistas de Torrejón de Ardoz, presidido por los Reyes?

¿Recuerdan el decreto «por el que se declaraba luto oficial desde las 00 horas del día 28 hasta las 24 horas del día 29, durante las cuales la Bandera Nacional ondeará a media asta en todos los edificios públicos y buques de la Armada, como testimonio del dolor de la Nación ante el fallecimiento de 62 militares españoles»?

Bueno, pues ahora, con las tristes cifras estadísticas de muertos por el Covid, es como si todos los días se estrellaran al menos cuatro Yak-42. Y No Passssa Nada. Y no sólo nadie ha pensado en celebrar un solemne funeral de Estado, sino que para enunciarlo como una simple estadística el uno sale de trapillo con su rebequita y el otro con su corbata, roja como la muleta de José Tomás. ¿Y el luto oficial de la nación? Ni está ni se le espera.

¿Y las banderas a media asta en los centros oficiales y buques de la Armada? Ah, eso de las banderas a media asta es una cosa de los carcas. Como lo son los negros crespones de luto. Por estos tristes y olvidados muertos diarios del Covid hay que pasar como de puntillas, como lo que son: una estadística que nos dice, si bajan un poco con respecto a los de ayer, lo bien que lo estamos haciendo. ¿Ver un ataúd en televisión? ¿Pero qué me está usted diciendo, si aquí no hay muertos ni ataúdes, sino estadísticas?

Cuando Lapierre y Collins hicieron su famosa biografía de Manuel Benítez «El Cordobés», le pusieron de título la frase que el de Villalobillos había dicho a su hermana cuando empezaba, de maletilla: «Me haré rico como torero… o llevarás luto por mí».

Aquí nadie lleva luto por nadie. Aquí el Gobierno ha prohibido los días de luto oficial, las banderas a media asta, los crespones negros por las víctimas del Covid. Ni que los hubieran dejado morir ellos con su inepcia…

Antonio Burgos ( ABC )