Si ser feminista es luchar por la igualdad hombre-mujer, aunque resulte una obviedad, yo soy feminista, diría que muy feminista; pero si ser feminista en España es crear un colectivo clientelar, el de las mujeres, y hacerle leyes inconstitucionales a la carta al objeto de comprarles su voto, un voto a costa de los derechos de padres e hijos, entonces yo soy antifeminista, diría que muy antifeminista y, además, antipolítico de toda formación política que ampare esta corruptela o degeneración de la democracia en la que cada colectivo social tiene unos derechos específicos a cambio de su apoyo en las urnas al partido que truca la jurisprudencia hasta ponerla a su favor, desoyendo el principio constitucional de igualdad ante la ley.

De modo que lo que han montado aquí desde su astuto iniciador, un tal Felipe González, el ideólogo del clientelismo político (PER, feminismo, sindicalismo…) es una “Industria de Género” en la que trabaja medio país –las feministas y los planchabragas– a costa del dinero que proporcionan los Fondos Europeos destinados a “Igualdad” y cientos de miles de padres divorciados convertidos en Cajeros Automáticos a los que jueces maniatados por la jurisprudencia hecha a gusto del brujerío les retienen sus rentas de trabajo y confiscan su patrimonio inmobiliario con los que mantener a un ejército de bien pagás, jubiladas de por vida aun en edad de trabajar.

El invento es para nota: ¡Yo te doy el dinero de tu ex, te quedas en casa sin pagar renta alguna y sin dar un palo al agua, pero tú me votas, bonita! ¡Qué gran contribución a la justicia social! ¡Qué ejemplo de país avanzado y constitucional!

De manera que, visto lo visto, debemos emplear el término feminismo añadiéndole un adjetivo, ya que no es feminismo en sí, sino una tomadura de pelo por derecho y sin Derecho. Llamémosle, pues, feminismo español, feminismo mercantilista, feminazismo, feminismo pesetero, feminismo socialcomunista… pero nunca feminismo a secas, ya que ello se presta a confusión. Personalmente prefiero referirme a esta tomadura de pelo como feminismo español o nacionalfeminismo.

Toda esta farsa del género, el Ministerio de Desigualdad y demás basura es un montaje se disolvería como azucarillo en el café si se le cortase el grifo del dinero, porque “sin dinero no hay feminismo”.

Es lamentable, y los políticos que sustentan la basta y vasta jurisprudencia feminazi española debieran pagar por ello, que se esté destrozando la niñez de cientos de miles de niños en España y otros tantos de cientos de miles de padres que no pueden siquiera ejercer el derecho de visita a sus hijos, como los abuelos a sus nietos, sólo por un tráfico ilegal de votos, habiéndose transformado una parte del colectivo de madres en sujetas sin escrúpulos, valiéndose éstas del don de dar vida que la naturaleza les ha regalado, empleándolo en arrojar a sus inocentes cachorros a un infierno de dolor, criaturas sin derecho propio, sino meros objetos tras los que parapetarse, moneda de chantaje al padre, arma arrojadiza, cuando un hijo es un sujeto de derecho que nace con padre y madre, un ser que tiene derecho a una niñez normalizada, sana, en Justicia, en Igualdad.

Madre, una palabra tan bonita y de tanto significado, si consultamos el diccionario, a día de hoy tiene dos acepciones: f.1.Mujer con cualidades atribuidas a una madre, especialmente su carácter protector y afectivo que vela por la salud y bienestar de sus hijos, respetuosa de sus derechos como persona. 2. Animal hembra que ha parido una o más crías y que vive a costa de ellas, negándoles sus derechos, destrozando sus primeros años de vida e impidiéndoles el contacto con su padre. En España, úsese el término feminista.

José R. Barrios ( El Correo de España )