España hiberna en agosto. Los agoreros y aguafiestas que se esperen a septiembre. Pero los números cantan. Ya estamos los primeros de la fila, otra vez. Tenemos más contagios que nadie en Europa. Salvo nuestro señor Simón casi nadie duda de que estamos ya en los preliminares de una segunda ola.

El presidente del Gobierno se resguarda en un palacio, al borde del océano, mientras los consejeros de sanidad en sus 17 taifas de salud pleitean con los jueces para cerrar los bares y acordonar barrios o pueblos. Si toca hacer la prueba del Covid-19, ante todo mucha calma y también suerte.

Dentro de unas semanas comienza el curso escolar en los 17 sistemas educativos. Que cada colegio aguante su vela. En Alemania ya están en clase y en Francia saben que regresan a las aulas, todos a la vez, el 1 de septiembre y con el mismo plan contra la pandemia. Aquí marchando lo de siempre. La culpa será de otro aunque siempre habrá alguien del PP, del pasado o del presente, a quien pasarle la cuenta del bicho.

La ciencia española pide en voz alta una investigación urgente para saber qué ha pasado aquí. Para los expertos de verdad, y no los otros, estos brotes de agosto no se pasan en otoño. Como siempre en España no se hará caso a los que saben. La nueva política emplea el viejo método.

Nada por aquí, nada por allá, prohibido saber. Clara Menéndez -una de las firmas de la más que trascendente carta publicada en la prestigiosa revista «The Lancet»- afirma sin matices en ABC: «El timón de la pandemia ya no lo lleva nadie; es un caos. Una país incapaz de controlar la epidemia. Peor que ningún otro».

Los expertos con curriculum, trayectoria y solvencia se mojan y piden una auditoría externa e independiente que se atreva a certificar los fallos de un sistema que no funciona. Nos está mirando el mundo entero con perplejidad. Algo huele a chamusquina en nuestro laberinto sanitario partido por 17, cuando medio centenar de sociedades científicas se suman de inmediato a esta propuesta de un examen a fondo de la situación española y la variopinta gestión de la crisis.

Por supuesto que el Ministerio de Sanidad escucha esta petición como quien mira al mar contando olas con las posaderas bien hundidas en la orilla. Desde que el Gobierno de Sánchez anunció que salíamos más fuertes nunca más se supo. Han colgado el cartel de no molesten.

Por descanso del personal, cerrado por vacaciones.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )