Este martes será aprobado el famoso proyecto de ley “trans”. Una aberración legislativa parida por los cervales enemigos de la biología, la infancia, la familia y los valores morales básicos. Una ley que impone la “autodeterminación de género”, que arrebatará a los niños el tesoro de su inocencia y que implantará, para los padres y las familias, la más terrible inseguridad jurídica y el más directo ataque a la integridad moral y física de sus hijos.

No se trata sólo de que los adultos podrán cambiar su “género” a conveniencia ante el Registro Civil, sin informe médico ni psicológico ni con las reservas que planteaba la vigente normativa, sino que las competiciones deportivas femeninas o las “cuotas” laborales de mujeres, se verán plagadas de transexuales que impondrán su voluntad de ser mujeres.

Como era de esperar diversas organizaciones feministas han montado en cólera; organizaciones cercanas al PSOE y otras que fueron expulsadas de Izquierda Unida. Las subvenciones, los chiringuitos y las prebendas se les van a ir por el sumidero.

Y es que si a partir de ahora nada va a ser masculino o femenino como dicta la naturaleza sino un mero “constructo mental” llamado “género” y cambiable a discreción, no tiene sentido luchar por los “derechos” de la mujer pues ésta, conceptualmente, biológicamente, ha dejado de existir. Porque así lo han decretado los legisladores. Y por cierto así lo establece la “Teoría Queer”, que ya se enseña en los colegios de la mayoría de comunidades con leyes LGTB.

Si esta parte de la ley es escandalosa pues sustituye el concepto biológico del sexo por el normativo del “género” imponiendo la destrucción del rol jurídico, social y cultural de la dualidad hombre- mujer, peor es la que afecta a la salud física y mental de los menores de edad; estos no tienen derecho a acceder a tabaco ni bebidas alcohólicas, pero podrán elegir amputar sus penes y cambiar su sexo.

No es algo nuevo: les está prohibido comprar una litrona, pero les está permitido exterminar la vida no nata en el crimen legalizado llamado aborto. Ahora también podrán amputarse, a discreción, el pene y sustituir su biología natural por tratamientos químicos hormonales y terapias que los marcarán el resto de sus vidas.

Que un menor caiga en las redes adoctrinadoras de los comisarios LGTB que en las aulas crean confusión e introducen agitación o que sus padres sean unos desinformados o, simplemente, unos progres que toleren carros y carretas podrá llevarle a padecer los frutos de un tratamiento que le influirá para el resto de sus días generándole graves secuelas. A partir de los 12 años, el menor elegirá su “género” con libertad absoluta.

Según informa el diario El Mundo, a partir de los 12 años y hasta los 14 deberá haber una “tutela judicial” en el proceso; entre los 14 y los 16 bastará con el consentimiento paterno y, a partir de los 16, plena libertad del menor.

La norma es dantesca. La autonomía de quién no tiene la mayoría de edad, fijada en 18 años, y que gozaba hasta ahora de una “indemnidad” reconocida en el Código Penal, será pulverizada. Las capacidades intelectivas y volitivas de un menor o de un adolescente están en formación y desarrollo hasta etapas de madurez y mayoría de edad, que aparecen dibujadas en todos los estudios psicológicos.

La “ley trans” destruirá la libre conformación de la personalidad y la evolución del menor, y situará al Estado como autoridad suprema, poder magnánimo, con capacidad para suplantar a la ciencia –bien subsidiada y calladita en tantos temas- y dictar que los menores, los mismos que no pueden conducir un coche hasta los 18 por su ausencia de responsabilidad y madurez, sí podrán decidir cortarse el pene o transformar su vulva.

Los efectos indelebles que semejantes tratamientos químicos, hormonales y quirúrgicos provoquen, quedarán plasmados para siempre en la persona que los sufra. Hay amplios estudios académicos paridos en EEUU y que demuestran cómo más del 80 por cien de jóvenes que revelan padecer confusión o disforia en torno a su sexualidad, al llegar a edades semi adultas, a partir de los 18-20 años y con el debido apoyo emocional y paternal, superan esos desequilibrios y aceptan su sexualidad biológica.

El proyecto de ley “trans” de la secta gubernamental no puede ser más atroz y diabólico. No dudo que será respondido con recursos ante el Tribunal Constitucional que dormirán, como en el caso del que impugna la ley abortista de 2010, el sueño de los justos.

Eutanasia y perversión de menores, con niñas abusadas de forma impune en las islas Baleares o Valencia, es una de las herencias que dejará el actual gobierno y su proyecto “España 2050”.  El pudridero occidental más imponente que hay hoy en el mundo se llama España.

Los globalistas y los odiadores de la Tradición y de España no pueden soportar que nuestra Nación fuese la reserva espiritual del cristianismo durante siglos, y le están dando la vuelta como a un calcetín…

¡Qué envidia, Hungría!

José Miguel Pérez ( El Correo de España )