¿ NO QUERÍAN DIÁLOGO ?

Se van a hartar de diálogo, hasta aborrecer la palabra sobre la que han construido su falacia, pero con los funcionarios de Bruselas. La mesa que les va a poner Gabriel Rufián para negociar el futuro de Cataluña es una cosa desmontable de Ikea al lado del tablero que tiene instalado la Comisión Europea para analizar los presupuestos de los socios de la UE.

Pablo Iglesias le puede preguntar a Alexis Tsipras en qué consiste y cómo suele terminar el diálogo con los hombres de negro o de azul. También puede ilustrarle sobre el particular Nadia Calviño, que fue cocinera comunitaria antes que fraila de progreso.

Con un día de retraso y desaire, la vicepresidenta económica de Pedro Sánchez se presentó ayer en el Spain Investors Day para asegurar ante los gestores extranjeros que la incertidumbre política «ha desaparecido» y que España es uno de los destinos «más atractivos del mundo».

Era su papel, como el de Pablo Iglesias y Alberto Garzón es el de espantar al capital. Como dijo Sánchez, el Gobierno habla con varias voces, pero con una misma palabra. Ahora que «Spain is back» y que «Spain is here to stay» (González Laya), la vicepresidenta Calviño se sube a la tribuna del Spain Investors Day y promete una política «moderada, responsable, consistente y bien articulada».

Es en Bruselas, sin embargo, donde tiene que demostrar la responsabilidad y la moderación de la que alardea en Madrid. Ayer mismo, mientras trataba de tapar las vergüenzas chavistas de su Gobierno, a Calviño le dijeron desde la capital comunitaria que se vaya olvidando de la idea de flexibilizar y rebajar los objetivos de déficit, condición necesaria para programar y financiar los martes sociales de Iglesias y Sánchez.

El Eurogrupo recuerda a nuestro Ejecutivo de progreso que primero hay que presentar las cuentas públicas y comprobar su viabilidad, a ver si cuadran. Luego Dios dirá. ¿No querían diálogo? Se van a hartar. En Bruselas traducen lo que no está escrito, ni siquiera en el repertorio tardoadolescente de la ministra González Laya.

Negociar con Rufián y sentarse con Torra es lo que necesita Pedro Sánchez para sobrevivir mientras pueda -«1.400 días, esto es, 200 semanas», sentencia- a su minoría parlamentaría. Del diálogo con la Comisión Europa depende, en cambio, el futuro económico de España, algo que no solo supera al Gobierno de coalición, sino que le importa un comino como los que gasta en sus guisos republicanos Montserrat Bassa, también cocinera antes que chantajista.

La legislatura del diálogo no termina donde diga Rufián, sino que se prolongará mientras Sánchez acepte esa forma de negociar tan suya que tienen en Bruselas. La flexibilidad, como el «conflicto político» que vende Moncloa, es un asunto interno. En la Unión Europea se toman mucho más en serio sus fronteras y sus límites, políticos y económicos.

Jesús Lillo ( ABC )