El Gobierno socialista calla mucho más de lo que dice acerca de las ayudas de Bruselas. Pedro Sánchez ha vendido el paquete de auxilio como la panacea que hará desaparecer los males financieros del país pero las cuentas no salen ni haciéndolas una ni mil veces.

Nuestros socios van a facilitarnos unos 140.000 millones de euros, cuando las casas de análisis más solventes cifran en 200.000 millones el agujero provocado por la pandemia. Ya para empezar, faltan 60.000 millones que el Ejecutivo socialista no ha dicho de dónde va a sacar.

No es lo único que se guardan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Las deseadas ayudas llegarán pero no será mañana, ni pasado, ni siquiera dentro de seis meses. Hasta el segundo semestre del año que viene no empezarán a emitirse las transferencias y los préstamos ya que ahora mismo solo existe un acuerdo político.

Por delante queda el arduo trabajo de desarrollar legalmente el mecanismo, así como la condicionalidad que llevará aparejada. Una tarea que no será ni rápida ni sencilla. Sánchez ha vuelto a España asegurando que no habrá vigilancia y Mark Rutte regresó a Países Bajos sosteniendo todo lo contrario. Así pues, la pugna sobre la letra pequeña puede ser tan titánica como fue la de la letra grande. Y, además, debe aprobarse el nuevo presupuesto europeo. Casi nada.

España, por tanto, no verá ni un euro este año y cerrará el ejercicio con un déficit de 130.000 millones -el 12 por ciento-. Podrá hacerlo sin reprimendas europeas porque la Comisión ha dejado a un lado los rigores del Pacto de Estabilidad, pero eso no le quita ni un ápice de gravedad a la cifra.

Veremos, además, si Sánchez no acaba pidiendo un segundo rescate en otoño a través del SURE, el instrumento de préstamos creado por Ursula von der Leyen para ayudar a financiar los ERTEs, ante la proliferación de los rebrotes.

El maná europeo tampoco llegará de golpe. Las previsiones que maneja la Comisión pasan por enviar las ayudas en tramos separados de manera que nuestro país reciba una inyección a fondo perdido de unos 24.000 millones de euros el año que viene, y el resto de plazos en 2022.

Dado que el Banco de España calcula que el déficit ascenderá a 90.000 millones en 2021, pueden ustedes echar la cuenta y anotar cómodamente unos 66.000 millones de números rojos el próximo año. España tendrá déficit durante los próximos veinte años más o menos.

La coalición no está por la labor de meter tijera en el gasto público, reformar la Administración y acabar de una vez con los solapamientos para paliar el agujero, que es lo que debería hacer. Todo lo contrario. Quiere presentar unos Presupuestos continuistas en el gasto.

Este plan solo deja un camino para cuadrar las cifras: una subida masiva de impuestos, desde el IRPF al IVA pasando por el de Sociedades. El plan podemita de buscar la convergencia fiscal con Europa trae bajo el brazo las mismas tasas que si viviéramos en Países Bajos pero sin los sueldos y las ayudas que se cobran allí.

No hace falta discurrir mucho para atisbar el empobrecimiento que esta ecuación provocará en la clase trabajadora de hoy y en las generaciones venideras. El legado de Pedro y Pablo a los jóvenes va a ser aciago: una deuda espectacular a los pies de una crisis climática y en medio de un «shock» demográfico.

Reciclando aquella famosa frase de Alfonso Guerra en 1982, Sánchez e Iglesias dejarán a España «que no la va a reconocer ni la madre que la parió», en este caso, por la ruina que van a dejar.

Solo así salen las cuentas.

Ana I. Sánchez ( ABC )