NO ES SÁNCHEZ, ESTÚPIDOS….SINO ANDALUCÍA

El problema de Susana Díaz, por su parte, es Andalucía. De hecho su puñetazo en la mesa de esta semana tiene clave andaluza: de entrada, porque la comunidad arrastra un gravísimo déficit de financiación de más de 5.000 millones, y es duro ver cómo el PSOE se une al PP para anteponer a la próspera Euskadi; pero además, en vísperas del 4-D, fecha clave en la memoria sentimental del andalucismo cuyo legado moral en el cuadragésimo aniversario le disputan hoy los podemiutas –aquí la alianza de Podemos e IU suma mucho– le urge recuperar un discurso reividicativo ya herrumbroso en el socialismo institucional. De ahí los decibelios andalucistas de esta semana, envuelta en la bandera. Ella ya advirtió Sánchez que no la obligara a elegir entre el PSOE y Andalucía.

Sin duda Andalucía es la obsesión de la Reina del Sur. Tras fracasar en las primarias, le aterra ser además quien pierda el gran feudo. Y eso pasa por un Sánchez fuerte. Susana Díaz, tras su victoria solvente, vio entre 2015 y 2016 cómo la marca PSOE perdía potencia. Y si la marca no suma, Andalucía está en riesgo porque la ventaja es estrecha. Eso aumenta su indignación al ver la concesión al cupo con apoyo de Sánchez (“para aprobar el cupo vasco no se puede abandonar al resto de los españoles”) y ahora los guiños sanchistas hacia los planes de privilegios catalanes de Iceta, con quien siempre parece dispuesto a bailar, y además, como Sergio Dalma, a bailar pegado. Tampoco es de agradecer que la lugarteniente de Sánchez llame falangistas a sus socios de Ciudadanos.

En definitiva, Sánchez es el problema, sí. Pero ahora la guerra de Susana Díaz no es Ferraz, sino Andalucía.

Teodoro León Gross ( El País )