Durante los últimos tiempos venimos asistiendo, en muchos casos impasibles, a la persecución implacable de todo aquel que, a juicio de la progresía y en especial de los movimientos “feminazis”, ose pronunciar alguna frase que pueda constituir una ofensa hacía las mujeres.

Así, desde estos movimientos liberticidas, con la cooperación necesaria de los rastreros medios de comunicación afines, se pone al pie de los caballos a todo aquel, incluso aquella, que manifieste la mínima crítica o adopte cualquier postura que vaya en contra de lo que en este aspecto se considera “políticamente correcto” de acuerdo con la ideología única que están tratando de implantar.

Que a nadie se le ocurra criticar la acción de cualquier individua de estas que ocupan un puesto de responsabilidad en la Administración, sea la que sea, ya que, de inmediato, se incendiaran las redes sociales, acusando al susodicho, tenga o no la razón, de misógino y machista, argumentando que se trata de una ofensa hacia todas las mujeres, sin detenerse a valorar la competencia o incompetencia demostrada por aquella que recibe la crítica que es lo realmente criticable, independientemente de su sexo.

Somos de los que piensan, que más allá del sexo con el que se nazca, lo único que debe y puede diferenciarnos es la competencia y la capacidad para ocupar una función concreta. De esta forma, es indiferente que un gobierno o un ayuntamiento esté dirigido al 100% por mujeres si aquellas que ocupan los diferentes cargos de responsabilidad son las mejores, sucediendo exactamente lo mismo en el caso de los hombres.

No se trata de paridades, se trata de competencia, de capacidad y, por tanto, es indiferente que se trate de hombres o de mujeres. Tan solo se debe buscar a los mejores, tengan el sexo que tengan.

Sin embargo, ya nos barruntábamos que esto de la defensa enconada del sexo femenino era, en muchos casos, un postureo, una falacia de estos que pretenden inculcarnos la nueva ideología única.

Llama poderosamente la atención el hecho de que, precisamente, estos que dicen defender con más encono estos principios de igualdad, enarbolándolos como bandera, se muestren como los típicos “machos alfa” que marcan territorio, siempre seguidos y rodeados por una manada de hembras que les ríen las gracias, los aplauden y los adulan, sintiendo por ellos una especie de atracción salvaje que se manifiesta en multitud de ocasiones. No hay más que visionar alguna imagen que anda por ahí, para comprobar lo que decimos.

Pese a todo, ya sospechábamos que en todo esto hay una buena dosis de postureo político y el mejor ejemplo lo hemos encontrado en el desafortunado comentario hecho el otro día por el “brujo” Simón. Un tipo que si tuviese dignidad y honor ya habría presentado en su día la dimisión de cualquier cargo público, al haber demostrado, más allá de cualquier posible error de cálculo, su manifiesta incompetencia y su total falta de solvencia para asumir las responsabilidades que tiene asignadas.

El comentario que el otro día dedicó, entre risitas de cínico mal gusto, al colectivo de enfermeras, además de grosero y obsceno, es intolerable y condenable desde cualquier punto de vista, incluso el de tratar de hacer un chiste fácil, siguiendo la línea argumental de la entrevista que le estaban haciendo aquellos otros dos personajes que, a lo que se ve, son iguales que él.

Sin embargo, sorprendentemente, lo que tendría que haber provocado un incendio de las redes sociales y la salida callejera en manifestación de las “feminazis” y de todas estas tipas de la izquierda podemita que tanto se vanaglorian de defender los derechos de la mujer, usándolo como bandera política, no tuvo prácticamente trascendencia a no ser por la lógica protesta del colectivo afectado al que secundamos en sus justas reivindicaciones, exigiendo el inmediato cese de este individuo.

No hemos visto que ninguna de estas vociferantes, estas que claman por los derechos femeninos, saliesen a la palestra a exigir, que no pedir, el inmediato cese de este deleznable personaje, antes bien, “feminazis”, podemitas y demás ralea se alinearon con sus respectivos machos alfa y a callar.

¿Qué habría pasado si este comentario, repito, ofensivo e insultante, lo hubiese pronunciado cualquier otro no vinculado a la izquierda social-comunista gobernante?  Sin duda, saltarían a las calles todas estas individuas, exigiendo, sin más dilación, la cabeza del autor del referido comentario. Sin embargo, aquí no ha pasado nada.

Ya vimos que esto de la defensa a ultranza de las mujeres por parte de “feminazis” y podemitas no es más que un vulgar ardid para engañar a los tontos y tontas, que hay muchos y muchas, si seguimos las normas del lenguaje inclusivo puesto de moda.

Y lo vimos, cuando en una de las provincias vascongadas, unos energúmenos separatistas, hijos de aquellos viles asesinos de la ETA, esa cuya imagen hoy quieren lavar, arrojaron una piedra alcanzado en la cabeza a una representante de VOX. No hubo ni una sola crítica ni de podemitas ni de “feminazis”, antes bien, en ese afán malvado y miserable que caracteriza a la izquierda gobernante, osaron decir que todo había sido un montaje. ¡Vergonzoso!

Ahora, la historia se repite, pero al revés. Si en aquella ocasión, al tratarse de una mujer de VOX, cualquier acción violenta contra ella estaba justificada, al menos no merecía critica alguna por parte de esta mala gente; ahora, como el que hizo “la gracia”, es uno de los de su cuerda, entonces, no merece la más mínima repulsa ni reproche. Ya vemos lo bien que defienden estas miserables a las mujeres.

En consecuencia, si con aquel ataque a la representante de VOX vimos que no se trataba tanto del sexo de la agredida, sino de su filiación política; ahora, hemos llegado a la conclusión de que no se trata tanto del contenido, más o menos ofensivo, de las frases dirigidas contra las mujeres, sino de la adscripción ideológica del que las pronuncia.

Esperemos que tanto la ministra de “igual da”, como los colectivos “feminazis” y podemitas, exijan, de inmediato, como lo exijo yo, el cese de este perverso personaje.

José Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )