En Argentina pusieron a dar los datos del virus chino a una payasa. A una payasa de circo, quiero decir. Su nariz roja, zapatones y todas esas cosas payasiles. No seguí mucho el caso porque eso de poner a payasetes a presentar el boletín de muertos pues qué quieren que les diga.

Creo recordar que fue un tema puntual coincidiendo con una fecha donde se celebraba algo asociado a la infancia o similar. Habrá que perdonarles a los argentos la payasada si fue esporádico aunque el hecho de verla en la mesa donde se despachaba troceada en datos a la covid es doblemente trágico.

El payaso lleva lo inquietante cosido a la flor de la solapa. Algo negro, cenizo. Produce cierto rechazo sin necesidad de verlo sujetando ningún globo rojo o corrompido perdido como Krusty el de los Simpsons. El payaso es ahora más símbolo de terror, evidente o presentido, que de divertimento. Además, cualquier payaso de circo tiene algo de funcionario cansado del chiste.

De tiempo pretérito. Un auxiliar administrativo gracioso a la fuerza que debe ir poniéndole los sellos a las cartillas del paro, tampón y tinta, se levante o no de humor aquel día. El payaso, al igual que el circo, empieza a ser una rareza que ya sólo triunfa haciendo el Cantajuegos y similares, pero en estos casos van casi a cara descubierta. Payasos de paisano arrastrándose a la irrelevancia de la vida civil. Al cajón del pasado y del revoltijo emocional y depresivo de la nostalgia.

Me estoy desviando del tema porque a lo que venía es a hablar de otro que tampoco es payaso –cuentan que es virólogo– pero que sale mucho en la tele y en el youtube haciendo chistes de enfermeras. Fernando Almendritas Simón y su nueva y cejuda masculinidad. Epidemiología en motocicleta

El mismo al que faltó poco para que lo molieran a palos por sacrificar a Excalibur cuando el Ébola. Esta vez se ha librado porque a los comprometidos® y La Gente® les ha pillado la pandemia a traspiés con un Gobierno progresista® al mando. Mecachis en la mar.

Qué mala suerte para el pancartismo genuino. Para la gente de bien. Para los buenos. Lo que hubiera sido eso. ¿Se lo imaginan? Piénsenlo por un momento. Ríete tú del Nunca Máis. Qué epopeya epiquísima contra los fachas se ha perdido este país por no gobernar la derecha en tiempos del virus diecinueve. Qué mal lo deben de llevar.

Lo están intentando con Ayuso con denuedo, la mala baba característica y un odio inopinado pero ahí van pinchando muy en hueso. Si gobernara la derecha Simón llevaba tiempo exiliado en alguna cueva recóndita con o sin Calleja. Ninguna duda. Esto lo sabe hasta la payasa. Y sin embargo, ahí sigue. Ahí lo tienen.

¡Pues no vienen no sé qué médicos a pedir tu cese! ¡A buenas horas mangas verdes! En diciembre que estamos. Qué has hecho tú mal en todos estos meses si sólo dices verdades en globos aerostáticos y certezas pillando olas en Portugal. Qué motivos hay para criticar tu labor, tu empatía, tu saber estar, tu bonhomía, tu buen humor. Tu escalada diaria a la verdad. Con lo que bien que hablas. Con la tranquilidad que supuras.

Ese temple, esa dulzura en el mirar. Esas toses alméndricas. Ojalá sigas saliendo todos los días a decirnos cositas que, aunque no escuchamos ni por el forro, son rumor de caracola con las que ir meciendo los sinsabores y el devenir de estos tiempos inciertos de mascarillas que no eran necesarias. Aquellas que era peor llevar.

Aquellas mascarillas, sí. Miéntenos más, Simón, pero no nos prives de tu palabra, de tu presencia. De tus consejos para ir a manifestaciones en marzo o de tus poderes matemáticos cuando lo de uno o dos contagios. Como mucho. Como mucho, Simón.

Uno o dos. Como mucho. Cómo olvidarnos. Grande, Simón. Que ya están las luces de Navidad puestas. Los colegios de médicos. Ahora. A ti. Qué te van a echar, después de ser resplandor entre tanta sombra. No te irás, Simón. Eterno. Serás, eres leyenda. Jamás, no nos dejes.

No te vayas nunca, Simón.

Carlos Malpartida ( Libertad Digital )

viñeta de Linda Galmor