NOS TOMAN POR IDIOTAS

Recuerdo la grata impresión que me causó la publicación en marzo de 1996 del «Manual del perfecto idiota latinoamericano» que publicaron entonces tres amigos de esta Casa de ABC: Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, a la sazón corresponsal de este diario en Londres.

Como bien decía Mario Vargas Llosa en la presentación, el libro pertenecía a la larga y riquísima tradición del panfleto. Un panfleto que defendía la libertad frente a los intentos del pensamiento socialista y comunista de imponer un discurso único y totalitario.

Es verdad que la aparición de la obra se produjo en medio de la euforia que representó la caída del Muro de Berlín y la convicción de que la sociedad liberal se imponía sin alternativa. Casi un cuarto de siglo más tarde, la regresión de nuestras libertades es incuestionable.

Como muy bien decía ayer Ana Isabel Sánchez en estas páginas ,«llevamos tanto tiempo dando por garantizada la democracia que no percibimos que pueda rondarle ningún peligro existencial. Pero es justo ese pensamiento, el exceso de confianza, el mayor riesgo».

Vivimos una tragedia en la que el sector podemita del Gobierno ve la oportunidad siempre buscada de recortar la libertad de expresión y el sector socialista del mismo Gobierno intenta paliar su incompetencia amparándose en ese recorte de las libertades promovido por Podemos, creyendo que nos pueden meter ese gol.

Nos toman por idiotas. Los amigos del Gobierno se empeñan en resaltar estos días la diferencia de la actuación de la oposición de centro derecha en Portugal y en España. Sí, es cierto que allí están respaldando la gestión del Gobierno.

Pero lo hacen porque el Gobierno socialista de Portugal ha hecho una buena gestión de la pandemia, como demuestran las cifras. Mientras que en España somos el país del mundo con más muertos por millón de personas, 444; en Portugal la misma estadística da 76 personas por millón. Esa comparación ciertamente amerita un elogio.

El problema de la gestión de la pandemia en España ha sido la incompetencia de un Gobierno que no ha sabido establecer una cadena de mando. Lo normal hubiera sido que la encabezara la vicepresidenta primera, Carmen Calvo.

Pero como ésta se infectó porque «le iba la vida» en acudir a la manifestación del 8 de marzo, y Sánchez no podía dejar a Pablo Iglesias al frente de la crisis -porque, con razón, «no podría dormir»- pusieron a un ministro de Sanidad que no tenía ni conocimientos ni equipos para desarrollar su labor, lo que nos ha hecho perder semanas hasta que las Comunidades Autónomas han recuperado, en la práctica, sus competencias.

Han tardado cinco semanas (¡y más de 20.000 muertos!!!) en conseguir unas simples mascarillas para casi toda la población. De las pruebas diagnósticas ni hablemos. Y pretenden que se les respalde.

Esta grave incompetencia la intentan tapar controlando a la opinión pública por medio de la Guardia Civil. Cuánta deshonra para tan benemérito instituto. España vive su mayor tragedia desde la Guerra Civil de 1936 y los informativos de televisión muestran todos los días aplausos y ningún féretro.

Qué inmensa vergüenza me da hoy el haber apostado toda mi vida a ser periodista cuando las estrellas del periodismo televisivo -las de mayor impacto, no lo discuto- se están vendiendo por un plato de caviar.

Ahora he comprendido por qué Mendoza, Montaner y Vargas Llosa, seis meses después de publicar su «Manual del perfecto idiota latinoamericano», tuvieron que hacer una nueva versión del mismo titulada «Manual del perfecto idiota latinoamericano… y español».

Ramón Pérez-Maura ( ABC )