NOS TRATAN COMO A INDIVIDUOS

Con Fernando Simón de veraneo, fue la doctora María José Sierra la encargada de reconocer ayer que los datos de la pandemia «empiezan a preocuparnos» y de pedir «responsabilidad individual». Casi de auxilio, formulada desde la sede de un Gobierno de España que en manos de Pedro Sánchez ha extremado su larga vocación intervencionista, esta llamada institucional a la individualidad ha de entenderse como un triunfo -forzado por las circunstancias, pasajero y reversible, como todo en esta crisis- del ciudadano frente a los escudos sociales, los estados de bienestar, el paternalismo público y la injerencia administrativa.

Que los principales destinatarios de este mensaje de socorro sean los jóvenes, gente de fiesta y hormona, asintomáticos que actúan de noche y a cara descubierta, añade apreciables materiales didácticos a esta confesión de impotencia por parte del aparato del Estado para combatir una crisis que hasta ahora era cosa suya, como prácticamente todo. Sánchez lo explicaba muy bien los domingos a mediodía.

La pandemia del Covid-19, desde su explosiva y superdrástica inauguración, tía, hasta la gestión que desembocó en la nueva normalidad, ha sido la secuencia misma de la intromisión, del mando único y del protectorado: todo cerrado, la gente en su casa y cobrando del Sepe, los estudiantes con aprobado general, las ministras en sesión continua televisiva, la Guardia Civil metida a rastreadora de desafectos, los muertos tapados y escondidos, la Policía Nacional en el pasacalles de los aplausos sanitarios y que nadie se quede atrás. Esas cosas no se olvidan. Ahora vienen con la individualidad… Haber empezado por ahí.

La responsabilidad de todos y cada uno de nosotros en la que ahora insiste el Gobierno, no solo sus médicos de cabecera y atril, se limita al ámbito de la salud, pero no es mala manera de comenzar a modificar la percepción, viciada y dirigida por todo y desde todo lo alto, de una sociedad cuya hiperprotección contribuye a su desarme y su amasijo.

Esta «responsabilidad individual», sin embargo, empieza y termina en las mascarillas desechables, a su vez intervenidas por el ministro Garzón. Todo lo demás es y va a seguir siendo «social» y «público». Debe de haber sido un fallo del sistema.

Jesús Lillo  ( ABC )