Fanny se dio hace un año a conocer al afirmar que las gallinas eran violadas por los gallos y que había que separarlos para evitarlo, y hace poco hemos tenido la revelación extraordinaria de que sin embargo ella se dedica a la prostitución. Sus tarifas van de los 150 euros por 45 minutos a los 3.000 por fin de semana. Como cantaba Lluís Llach antes de volverse loco, «que quedi clar per sempre més que jo de bleda no en tinc res/ i que posats a fer no em ve d’un segon restrenyiment».

Pedro Sánchez pasó de decir que no podría dormir por las noches si pactaba con Podemos a que los que no podamos dormir seamos los españoles por los catastróficos efectos de este acuerdo. Como Fanny, tiene un doble discurso sobre las gallinas, aunque en su caso somos nosotros los que pagamos el whisky y el hotel.

Ayer se reunió en Bruselas con Antonio Costa, que a pesar de gobernar con un pacto similar, sabe hacerlo con prudencia, moderación y esmero. Ha minimizado las tonterías de sus socios y el éxito de Portugal como país es indiscutible, tanto en la economía como en la lucha contra la pandemia.

El problema de Pedro Sánchez no es exactamente gobernar en coalición con Podemos, sino que lleva una Fanny dentro, petardera y gallinácea. Una Fanny que además de aleccionarnos y de mentirnos, nos chulea. Sin otro afán que el de mantenerse en el poder y degradarnos de ciudadanos libres a gallinas ponedoras, ha convertido a España en lo contrario de Portugal, condenándonos a la miseria, al atraso y a la muerte con su sectarismo atroz y sus políticas demenciales.

El drama de Pedro, como el de Fanny, es que no tienen ideas ni sentimientos más grandes que ellos, y lo acabamos pagando las gallinas.

La imagen de los dos presidentes desayunando no es ningún hito de la diplomacia pero sirve para entender el contraste del factor personal.

No importa si eres socialista, ni siquiera importa si pactas con los comunistas. Hay una condición previa, política, moral, de la más elemental autoexigencia, de la que Pedro Sánchez carece por completo y a la que la derecha, con su cortoplacismo, su falta de liderazgo, de talento y de sensibilidad es incapaz de sobreponerse, y así España está sumida en la más completa desesperanza, en medio de la nada.

Salvador Sostres ( ABC )