NOSOTROS LOS REHENES

Esto nos lo estáis haciendo a nosotros. Estáis yendo a por nuestras familias, a por nuestras vidas. Tenéis derecho a defender vuestras condiciones laborales pero no a tomarnos como rehenes. No solo nos habéis dejado sin vuestro servicio: nos habéis cortado las principales arterias de la ciudad para perjudicarnos. Somos vuestros clientes, el pan vuestro de cada día, vuestro sentido y vuestro provecho y nos habéis pisoteado.

Además sois unos cobardes porque la mayoría de los taxis que colapsaron ayer la Gran Vía estaban vacíos. Un hombre da la cara, tal como yo firmo mis artículos. Vosotros tiráis la piedra y escondéis la mano y en lugar de pagar el precio de vuestra protesta nos lo hacéis pagar a nosotros, que somos la parte indefensa. Si fuerais valientes, en lugar de tomarnos como prisioneros, dejaríais de pagar el impuesto de circulación o plantearíais cualquier otro desafío a la administración, asumiendo el riesgo de vuestra rebeldía. Y sois también muy poco inteligentes porque nadie obtuvo nada liándose a palos contra el progreso.

Los luditas murieron contra las máquinas, murieron de hambre tras haber destrozado unas cuantas. Los más inteligentes se adaptaron. Todos los sectores, por muy regulados que estén, quedan más temprano que tarde desbordados porque incluso a pesar de gente como vosotros cada día somos mejores y aprendemos a hacer lo que no podíamos ni imaginar. Y la solución nunca es la violencia, ni dejar de trabajar, ni tomar de rehenes a tus clientes, sino adaptarse, volver a competir y ganar.

Cuando llegaron las grandes superficies, los pequeños comerciantes no fueron a apedrear los escaparates de El Corte Inglés: dieron un servicio mejor a sus clientes e hicieron lo que don Ramón Areces no podía hacer. Los que no reaccionaron tuvieron que cerrar. Y no fue por injusticia, fue por mediocridad.

No vamos a olvidar nunca estos días, el desprecio con que nos estáis tratando, la indiferencia con que la alcaldesa de Barcelona está permitiendo que nos utilicéis de carne de cañón. El dinero es nuestro y supongo que comprenderéis que a partir de ahora reflexionemos sobre si entregarlo a nuestros captores es el destino más digno que le podemos dar. Pero ni siquiera va ser esto lo que acabará con vosotros. Será el progreso y la inteligencia, la misma luz con que la civilización se ha curado del totalitarismo y de cualquier otra enfermedad.

Salvador Sostres ( ABC )